Cómo unos patitos de goma ayudaron a los científicos a mapear los océanos

patitos de goma

La caída al mar de un contenedor con 29.000 juguetes ayuda a investigar las corrientes oceánicas

A principios de enero de 1992, el buque portacontenedores Evergreen Ever Laurel (un nombre que nos recuerda al que recientemente encallo en el Canal de Suez) partió de Hong Kong hacia Washington. Entre los millones de cosas que llevaba el Ever Laurel se encontraba un cargamento de juguetes de plástico para el baño para niños fabricados en China para la empresa japonesa de juguetes The First Years Inc.

Cuatro días después, el 10 de enero de 1992, el carguero se topó con una tormenta en el Pacífico Norte. Vientos huracanados y olas de 11 metros de altura sacudieron de lado a lado el barco de 28.900 toneladas. Bajo la tensión del cabeceo y el balanceo, dos altas columnas de seis contenedores apilados sobre la cubierta se soltaron de sus amarras de acero y se estrellaron contra el mar. Al menos uno de los contenedores se abrió de golpe, derramando en el océano varias docenas de cajas de cartón que contenían aproximadamente 29.000 juguetes de baño.

El cartón se rompió rápidamente en las aguas saladas y bajo el sol abrasador, descargando al mar miles de pequeños paquetes. Cada paquete contenía cuatro animales de plástico huecos: un castor rojo, una tortuga azul, una rana verde y un patito amarillo, empaquetados en una carcasa de plástico con un dorso de cartón. En un día, el agua disolvió el pegamento liberando a los animales de su prisión de plástico. El derrame ocurrió aproximadamente a 44.7N, 178.1E, a unas 500 millas al sur de la isla Shemaya en las islas Aleutianas occidentales y a 1.000 millas al este de Hokkaido, el extremo norte de Japón.

La noticia de que un buque portacontenedores perdió 29.000 juguetes de goma atrajo la atención de los oceanógrafos de Seattle Curtis Ebbesmeyer y James Ingraham, que en ese momento estaban trabajando en un modelo de corriente de superficie oceánica. El método estándar para rastrear las corrientes oceánicas es soltar botellas a la deriva, de quinientas a mil a la vez, y trazar su movimiento.

Por lo general, en tales experimentos, se pierden el 98 por ciento de todos los flotadores, por lo que los investigadores esperan recuperar solo alrededor de 10 o 20 botellas de cada suelta. Pero aquí había 29.000 piezas de plástico fácilmente reconocibles, flotando en el océano y todas liberadas de un solo lugar. Fue una oportunidad que Ebbesmeyer e Ingraham no podían dejar pasar.

No era la primera vez que Ebbesmeyer e Ingraham habían convertido un derrame en medio del océano en un experimento oceanográfico. Tres años antes, un carguero en dirección este quedó atrapado en una tormenta a quinientas millas al sur de la península de Alaska, y varios contenedores se habían caído por la borda, incluido un cargamento de ochenta mil deportivas Nike. Cuando cinco meses después las zapatillas empezaron a aparecer a lo largo de la isla de Vancouver, Ebbesmeyer e Ingraham utilizaron la información de sus vigilantes de playa y reconstruyeron las rutas de deriva de unas doscientas zapatillas.

Cuando los dos científicos se enteraron del derrame de los patos de goma en el Pacífico Norte, alertaron a su red global de vigilantes para que mantuvieran sus ojos abiertos por los brillantes juguetes de plástico.

Diez meses después del incidente, los primeros patos de goma comenzaron a llegar a lo largo de la costa de Alaska, a 2.000 millas de donde cayeron. En agosto de 1993, se encontraron unos 400 de ellos en un tramo de 850 km de costa a lo largo de la costa oriental del Golfo de Alaska. Durante los siguientes años, estos "flotadores amistosos" (Friendly Floatees) fueron descubiertos en varios lugares del mundo, desde islas escocesas hasta Terranova, el este de Australia hasta Tacoma, y a lo largo de la costa de Hawái y Japón.

rutas seguidas por los patitos de goma

Imagen: Ruta de viaje de los flotadores amistosos. Imagen de NordNordWest/Wikimedia Commons

Al estudiar la ruta de estos flotadores, Ebbesmeyer e Ingraham desarrollaron un modelo de las corrientes oceánicas y, a partir de este modelo, predijeron correctamente dónde y cuándo aparecerían en la costa estos patos amarillos y tortugas azules.

En 1996 el modelo de Ebbesmeyer e Ingraham predijo correctamente la llegada a tierra de los juguetes en el estado de Washington. Teorizaron que después de su primera aparición en Alaska, los flotadores habían viajado hacia el oeste a Japón, de regreso a Alaska, y luego se dirigieron hacia el norte a través del Estrecho de Bering y quedaron atrapados en el hielo del Ártico. Se movieron lentamente con el hielo a través del Polo y tardaron entre cinco y seis años en llegar al Atlántico Norte. Cuando el hielo se derritió, los flotadores se soltaron y desde allí las corrientes oceánicas los llevaron a la costa este de Estados Unidos y a la costa del Reino Unido.Curtis Ebbesmeyer

Imagen derecha: El oceanógrafo Curtis Ebbesmeyer con restos que usa para monitorear las corrientes oceánicas. Foto: Rick Rickman/Wikimedia Commons

Casi tres décadas después, los flotadores todavía están dando vueltas por el océano, y ocasionalmente van a parar a playas distantes donde instantáneamente se convierten en preciados artículos, algunos supuestamente alcanzan precios tan altos como $ 1.000. Los patos y castores han sido blanqueados, pero por lo demás intactos. Las tortugas y las ranas aún conservan sus colores originales. La lenta tasa de degradación demuestra que la contaminación plástica es efectivamente indestructible, y toda la basura plástica que arrojamos a los mares y océanos permanecerá en los siglos venideros.

A lo largo de las décadas, Ebbesmeyer e Ingraham han rastreado muchos derrames similares, como el derrame de Lego de 1997, donde millones de piezas de Lego cayeron por la borda en el mar frente a Cornualles. Esas piezas de Lego se han desplazado desde entonces unas 62.000 millas.

Se espera que en el futuro Ebbesmeyer e Ingraham tengan muchas oportunidades de este tipo para estudiar las corrientes oceánicas. Los contenedores se pierden habitualmente en el mar. Una encuesta de 2011 realizada por el World Shipping Council estimó que entre 2008 y 2010 se perdieron en el mar un promedio de 675 contenedores cada año. En 2014, la pérdida anual promedio entre 2011-13 fue de aproximadamente 2.683 contenedores.

Ahora financiado por la NASA, el modelo de Ebbesmeyer e Ingraham, llamado Ocean Surface Currents Simulation (OSCURS), tiene muchas aplicaciones prácticas además de predecir el movimiento de los restos flotantes, como ayudar a los barcos de pesca a navegar y localizar bancos de peces.

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