El barco tenía deficiencias estructurales, incluidos débiles marcos de cubierta y falta de vigas diagonales para reforzar el casco
Tres semanas después de que el explorador Ernest Shackleton ordenara a sus hombres abandonar el Endurance en el otoño de 1915, el navío se hundió frente a las costas de la Antártida. Su destino se ha atribuido durante mucho tiempo a un débil timón, arrancado por una placa de hielo flotante.
Pero un nuevo estudio sugiere que la estructura completa del barco fue la culpable, al carecer del refuerzo necesario para soportar la compresión del hielo. Curiosamente, Shackleton podría haber sido consciente de esta grave debilidad antes de zarpar.















