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Fósiles microbianos iluminan los orígenes de la vida

Microfósiles
Microfósiles de unidades precámbricas. Crédito: Wikimedia Commons

Estromatolitos ofrecen una ventana a algunos de los más antiguos ecosistemas costeros

Hace más de 3.500 millones de años, la Tierra no era el mundo acogedor que conocemos hoy. La atmósfera carecía de oxígeno, los mares eran ácidos y ricos en hierro, y la actividad volcánica rugía en un árido paisaje.

Sin embargo, en este mundo alienígena, ocurrió algo extraordinario: surgió la vida. Las primeras formas de vida no dejaron huesos ni caparazones, pero sí dejaron otras pistas sobre su biología y su impacto en los entornos de la Tierra primitiva.

Rastros de vida microbiana, huellas químicas y diminutas estructuras fosilizadas en rocas antiguas nos revelan el pasado microbiano profundo. Estos fósiles microbianos, en su mayoría de naturaleza procariota, son clave para comprender cómo surgió la vida en la Tierra y cómo evolucionó en sus etapas iniciales.

Pero interpretar evidencia de miles de millones de años de antigüedad conlleva desafíos. Por ejemplo, las muestras de roca pueden verse alteradas por la temperatura y la presión con el tiempo, las formas celulares fosilizadas pueden asemejarse a estructuras minerales abióticas, y los rastros químicos en rocas antiguas pueden tener orígenes tanto biológicos como no biológicos. Para abordar algunos de estos desafíos, los investigadores están explorando zonas menos estudiadas del mundo y desarrollando herramientas más refinadas para comprender mejor los orígenes de la vida tal como la conocemos.

La Academia Estadounidense de Microbiología examina cómo los avances tecnológicos han posicionado a los investigadores para alcanzar una comprensión sin precedentes de la vida microbiana temprana.

Grabado en piedra: Desenterrando la estructura y morfología microbiana temprana

Los fósiles microbianos proporcionan una de las primeras evidencias físicas directas de vida en la Tierra. Para los microbiólogos, ayudan a responder preguntas cruciales sobre la estructura y morfología microbiana antigua.

Si bien las herramientas moleculares pueden rastrear relaciones evolutivas, solo el registro rocoso muestra la cronología y el contexto ambiental de la vida antigua, proporcionando pistas útiles sobre cuándo, dónde y cómo vivieron los antiguos microbios. Estos fósiles también informan sobre la búsqueda de vida en otras partes del universo, ofreciendo útiles comparaciones al evaluar posibles biofirmas en planetas como Marte o lunas heladas como Europa.

eucariota

Estromatolitos

Entre los fósiles microbianos más emblemáticos se encuentran los estromatolitos: estructuras sedimentarias estratificadas formadas por densas comunidades de microorganismos llamadas esteras microbianas.

Estas biopelículas visibles tienden a crecer en superficies húmedas, donde atrapan y fijan sedimentos (como arena y calcio) y precipitan minerales en estructuras distintivas tipo montículo o columna que ofrecen un registro fosilizado de la vida en la Tierra.

Investigadores han identificado estromatolitos de 3.450 millones de años de antigüedad en el Grupo Warrawoona, en Australia Occidental. Las estructuras datan del Eón Arcaico, que abarca entre 4.031 y 2.500 millones de años atrás, y ofrecen una ventana a algunos de los más antiguos ecosistemas costeros.

Aún más atractivos son los estromatolitos de la Formación Strelley Pool, de 3.400 millones de años de antigüedad, que presentan intrincadas geometrías, como conos, columnas y láminas finamente laminadas.

A pesar de los debates previos sobre si la unidad rocosa del Arcaico (también hallada en Australia Occidental) podría ser de naturaleza abiótica, las estructuras presentan una organización espacial, crecimiento vertical y texturas internas consistentes con la actividad de tapetes microbianos. Además, su complejidad morfológica, combinada con su presencia en entornos marinos poco profundos, las convierte en candidatos especialmente sólidos para un origen biológico.

También se han identificado estructuras estromatolíticas en el Cinturón de Piedras Verdes de Barberton (Sudáfrica) y en otras formaciones rocosas de la era Arcaica en todo el mundo, lo que sugiere que los tapetes microbianos estaban extendidos en ambientes marinos poco profundos.

El hecho de que estructuras estratificadas similares aparezcan de forma independiente en múltiples continentes y períodos de tiempo refuerza la hipótesis de que son resultado de procesos biológicos y no de eventos abióticos raros o aislados. Estos patrones físicos o químicos recurrentes preservados en las rocas se consideran biofirmas que reflejan la pasada actividad biológica.

Si bien los estromatolitos más recientes, en particular los que se formaron tras la Gran Oxidación (hace unos 2.400 millones de años), suelen asociarse con las cianobacterias y la fotosíntesis oxigénica, se desconoce la identidad microbiana precisa de las estructuras arcaicas (como las mencionadas anteriormente).

Estos primeros tapetes podrían haberse formado a partir de una mezcla de fotótrofos anoxigénicos (bacterias que utilizan la energía solar para crecer y no producen oxígeno) u otros microbios metabólicamente versátiles, mucho antes de que la producción de oxígeno transformara la atmósfera terrestre.

energía de la célula

Microfósiles

Los microfósiles son rastros de antiguas células que se conservan en rocas de grano fino ricas en sílice, como el el chert de sílex, y son tan pequeños que son invisibles a simple vista. El rápido enterramiento protege las delicadas estructuras celulares de la descomposición.

Algunos microfósiles consisten en restos microbianos encapsulados en finas películas de material rico en carbono, que los científicos han interpretado como materia celular degradada. Mientras que otros consisten en células que han sido rellenadas o rodeadas de minerales, como sílice u óxidos de hierro, preservando sus formas dentro de matrices sólidas.

Estas condiciones ayudan a retener finos detalles estructurales que de otro modo se perderían, lo que permite estudiar su morfología y composición química miles de millones de años después.

Algunos de estos microfósiles tienen más de 3.400 millones de años. Presentan formas simples, como bastones, esferas y filamentos filiformes, que se encuentran dentro del rango de tamaño de las modernas células procariotas (aproximadamente de 1 a 10 µm). En algunas muestras, las formas celulares aparecen en grupos o cadenas, de forma similar a cómo las modernas bacterias a veces crecen en colonias o se dividen en secuencia. Este tipo de organización espacial, junto con su tamaño y forma, respalda la idea de que las estructuras representan vida microbiana genuina y no artefactos minerales.

Bioquímica antigua

Identificadores químicos de la vida temprana

Aun así, es difícil identificar microbios antiguos basándose únicamente en la forma porque los procesos no vivos a veces pueden producir estructuras que parecen células. Para reforzar el caso del origen biológico, los científicos recurren a la evidencia química.

Uno de los indicadores más útiles es la proporción de isótopos de carbono. Durante el metabolismo los organismos vivos tienden a favorecer el isótopo más ligero, el carbono-12. Como resultado, la materia orgánica que dejan atrás se enriquece en carbono-12, en comparación con el carbono-13.

Cuando este patrón isotópico, conocido como carbono isotópicamente ligero, se encuentra en rocas antiguas, puede sugerir la presencia pasada de vida. Por ejemplo, las partículas de grafito en rocas del cinturón supracortical de Isua en Groenlandia, que datan de hace unos 3.700 millones de años, muestran este tipo de señal isotópica. Hallazgos similares de otros terrenos antiguos ayudan a respaldar la interpretación de que estas señales reflejan una fijación temprana del carbono biológico, en lugar de procesos puramente geológicos.

ciclo de vida del Fucus

Investigando los primeros metabolismos

Los patrones de fraccionamiento de isótopos de azufre, evidencia del metabolismo microbiano del azufre, así como la preservación de biomarcadores lipídicos (fósiles moleculares de membranas celulares) y minerales sensibles a la oxidación-reducción, como la uraninita y la pirita, sugieren procesos redox microbianos tempranos.

Incluso en ausencia de estructuras fósiles visibles, estos rastros químicos ayudan a los científicos a reconstruir cuándo surgieron vías metabólicas específicas, como la reducción de azufre o la respiración anaeróbica, y cómo influyeron en los primitivos entornos terrestres.

Los rastros químicos en rocas antiguas también apuntan a la existencia temprana de metanogénesis, metabolismos basados ​​en hierro y vías autótrofas. La evidencia de metanogénesis proviene de inclusiones fluidas ricas en metano en rocas que datan de hace 3.500 millones de años.

El metano en estas rocas presenta un bajo contenido de carbono-13, lo cual es consistente con la producción biológica, lo que sugiere que, aunque las arqueas metanogénicas siguen activas en la actualidad, este metabolismo evolucionó muy tempranamente.

Los metabolismos basados ​​en el hierro están vinculados al descubrimiento de formaciones de hierro bandeado. Estos depósitos, compuestos por capas alternas de minerales ricos en hierro, podrían haberse formado cuando los microbios utilizaron la luz para oxidar el hierro disuelto en el agua de mar.

Es probable que otros microbios redujeran el hierro férrico mediante moléculas orgánicas. Ambos procesos contribuyeron a configurar el paisaje redox de la Tierra primitiva y se conservan en estas estructuras minerales a gran escala.

En conjunto, las pistas químicas y fósiles muestran no sólo que la vida surgió temprano en la historia de la Tierra, sino también que se diversificó rápidamente para explotar una variedad de fuentes de energía en un entorno cambiante.

Leyendo el registro de rocas: Qué revelan los fósiles sobre la vida temprana

Los fósiles microbianos han arrojado luz sobre algunas de las evidencias más antiguas conocidas de vida en la Tierra, pero también plantean importantes preguntas científicas. ¿Qué vías metabólicas estaban activas en diferentes entornos? ¿Con qué rapidez se diversificaron los microbios? ¿Y en qué condiciones puede conservarse la actividad microbiana durante miles de millones de años?

Uno de los principales desafíos es interpretar estos rastros con certeza. Las formas microscópicas pueden asemejarse a estructuras minerales, y las firmas químicas pueden tener orígenes tanto biológicos como no biológicos.

Los investigadores están desarrollando herramientas más refinadas para abordar esta incertidumbre, combinando imágenes de alta resolución con geoquímica isotópica y simulaciones experimentales de entornos terrestres primitivos.

Estos enfoques están ayudando a identificar sutiles características que apuntan con mayor claridad a los orígenes biológicos, esclareciendo cómo respondieron las comunidades microbianas al estrés ambiental, se estructuraron en esteras e interactuaron con los minerales, conocimientos que tienen paralelismos en los modernos sistemas.

Otra dificultad reside en el propio registro geológico. Son escasas las rocas con más de 3 mil millones de años de antigüedad y muchas han sido alteradas por el calor y la presión. Incluso en entornos bien conservados, la evidencia fósil puede ser fragmentaria o ambigua.

Sin embargo, siguen surgiendo nuevos hallazgos a partir de muestras reexaminadas, de núcleos de perforación profunda y de zonas menos estudiadas del mundo. Estos descubrimientos están ayudando a los microbiólogos a comprender el origen de importantes vías bioquímicas que aún persisten en la actualidad (por ejemplo, la fijación de carbono, la metanogénesis y la reducción de sulfatos).

De cara al futuro, la búsqueda de biofirmas más allá de la Tierra depende en gran medida de lo que aprendamos de los primeros rastros microbianos. Las misiones a Marte y a las lunas heladas se guían por criterios moldeados por el propio registro fósil de la Tierra. Saber cómo la vida dejó su huella en rocas antiguas nos orienta sobre dónde buscamos, qué buscamos y cómo interpretamos lo que encontramos.

Lee el informe completo en: Early Microbial Life: Our Past, Present, and Future

Etiquetas: EstromatolitoMicrofósilOrigenVidaTierra

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