Una cara torcida ayuda a navegar a este pez cavernario sin ojos

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pez ciego cavernario mexicano (Astyanax mexicanus)

Usan el lado más grande de su cara para sentir su camino en la oscuridad

El pináculo de la belleza para la mayoría de las personas es una cara simétrica, una sin ninguna diferencia importante entre izquierda y derecha. Pero para este pez cavernario mexicano (conocido como tetra mexicano o sardina mexicana - Astyanax mexicanus), la asimetría puede ser un salvavidas.

Esto se debe a que su cráneo torcido puede ayudarle a moverse a lo largo de las paredes de las oscuras cuevas, similar a una persona que se desplaza tocando en la oscuridad. Ese comportamiento, presentado esta semana en la reunión anual de la Society for Integrative and Comparative Biology, sugiere que estar un poco "deformado" puede tener beneficios evolutivos.

Muchos habitantes de las cuevas están un poco desequilibrados. Los peces cavernarios tienden a tener un ojo que es más grande que el otro, por ejemplo, y los grillos de las cavernas tienen antenas de diferentes tamaños. Algunos investigadores se preguntaron si las diferencias entre izquierda a derecha podrían ayudar a estas criaturas a moverse.

cráneo torcido de un pez ciego cavernarioEscanearon los cráneos de peces A. mexicanus de tres cuevas en México. Sus tomografías computarizadas revelaron que la mayoría de los cráneos de peces estaban ligeramente inclinados hacia la izquierda, lo que les daba un poco más de exposición al lado derecho de sus caras. Otras pruebas mostraron que estos peces tendían a desplazarse a lo largo del lado derecho de las paredes de la cueva, presumiblemente usando el lado más grande de sus caras para sentir su camino en la oscuridad.

A continuación, los investigadores contaron los sensores mecánicos conocidos como neuromasas en las cabezas de los peces embrionarios. Estos sensores, o "botones nerviosos", detectan el flujo de agua y, a veces, las vibraciones. Los peces ciegos tenían más, y más grandes, neuromasas que los peces de la misma especie que vivían en la superficie, informaron.

Para descubrir la base genética de la diferencia, criaron peces de la superficie con peces de las cuevas; aquellos descendientes con más y mayores neuromasas tendían a tener una mayor expresión de un gen llamado Mn1. En ratones, el Mn1 defectuoso conduce a huesos faciales anormales. En los peces, las neuromasas adicionales aparecen normalmente donde los huesos se han distorsionado, lo que llevó a los científicos a pensar que las neuromasas pueden causar que se deforme el desarrollo del hueso.

Eso podría tener implicaciones para peces, ratones e incluso los humanos, que se ven afectados por 700 de los llamados síndromes "craneofaciales". A medida que los científicos continúan investigando la conexión entre las neuromasas, la asimetría ósea y el comportamiento, esperan aclarar cómo interactúan los tejidos sensoriales y esqueléticos en desarrollo para causar irregularidades en el cráneo, algunas de ellas más útiles que otras.

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