El culpable fue un enorme pez óseo depredador llamado Xiphactinus
Los océanos del Cretácico de Norteamérica rebosaban de vida. Gigantescos peces y enormes reptiles marinos cazaban en el Mar Interior Occidental. Un nuevo fósil único proporciona excepcional evidencia de un conflicto directo entre estos superdepredadores.
Los científicos descubrieron pruebas de este choque de titanes del Cretácico escondidas en un cajón de especímenes de las colecciones del Museo Field de Historia Natural de Chicago.
El fósil, un Polycotylus de cuatro metros de largo procedente de la Formación Mooreville Chalk de Alabama, guardaba una sorpresa oculta en uno de sus huesos: un enorme diente incrustado en una de las vértebras cervicales del animal.
El profesor Christopher Brochu, del Departamento de Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente de la Universidad de Iowa, descubrió el ejemplar mientras hacía una pausa en su estudio de fósiles de cocodrilos.
"A veces reviso otros materiales para ver si hay algo que pueda mostrar en mis clases, y fue entonces cuando vi la vértebra mordida", dijo Brochu.
La violencia de la mordedura, sumada a millones de años de enterramiento, fosilización y posterior excavación, había dejado el diente aplastado, roto en la base y la punta, e incrustado en el hueso. El equipo de investigación recurrió a la tecnología para ayudar a identificar al misterioso atacante.
Imagen derecha: Los fósiles de vértebras y escaneos del desafortunado Polycotylus examinados en esta investigación, que muestran el diente incrustado del Xiphactinus. Crédito: Universidad de Tennessee
El fósil fue escaneado mediante tomografía computarizada (TC), una técnica de visualización que permitió al equipo de investigación estudiar el interior del espécimen sin dañarlo. El fósil fue diseccionado virtualmente por dos estudiantes de pregrado de la Universidad de Tennessee, Knoxville, Miles Mayhall y Emma Stalker, quienes construyeron un modelo tridimensional de un diente de un inesperado culpable: un enorme pez óseo depredador llamado Xiphactinus.
"A veces nos formamos ideas preconcebidas sobre quién es el depredador dominante en un entorno determinado y quién ocupa un escalón o dos más abajo en la cadena alimentaria", afirmó la autora principal y paleontóloga Stephanie Drumheller, profesora asociada del Departamento de Ciencias de la Tierra, Ambientales y Planetarias de la Universidad de Tennessee en Knoxville. "Este fósil nos recuerda que la naturaleza rara vez es tan simple".
Era improbable que el Xiphactinus, a pesar de su gran tamaño, intentara comerse al Polycotylus. Varios famosos fósiles de "peces dentro de otros peces" parecen indicar que a este depredador le gusta engullir peces más pequeños enteros. El diente incrustado podría haber sido el resultado de una pelea en lugar de una cacería. Independientemente del motivo original de la mordedura, su profundidad y ubicación sin duda habrían resultado fatales.
Imagen derecha: A) dentario izquierdo aislado de Xiphactinus, TateM V1219 con dientes in situ; B) reconstrucción paleoartística del ataque propuesto por el coautor MM; C) diente extraído digitalmente que también muestra la cavidad pulpar de FMNH PR 187.
"Los plesiosaurios son famosos por sus largos cuellos, pero esos cuellos tienen un precio", dijo el coautor, el profesor Robin O'Keefe, del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad Marshall. "La tráquea, el esófago, las principales arterias y venas, los nervios importantes; todos estos órganos son vulnerables a un ataque. Una mordedura en el cuello por parte de Xiphactinus habría sido sin duda fatal para este animal, si el Polycotylus no hubiera muerto ya".
La dramática evidencia de este ataque se suma a un gran conjunto de otras evidencias conocidas de Mooreville Chalk. En estas rocas se han encontrado marcas de mordeduras atribuibles a otros peces óseos, tiburones y reptiles marinos, lo que dibuja un panorama de un dinámico ecosistema con diversos depredadores que se alimentaban de todo tipo de presas, desde otros animales marinos hasta algún que otro desafortunado dinosaurio arrastrado al mar, e incluso entre ellos mismos.
En conjunto, estos fósiles sugieren que nadar en esos mares del Cretácico habría sido una arriesgada empresa incluso para los mayores de estos antiguos depredadores marinos.
Los hallazgos se publican en la revista Journal of Vertebrate Paleontology: A bite to the throat: A probable Xiphactinus attack on a Polycotylus from the Cretaceous Mooreville Chalk of Alabama, U.S.A.











