updated 1:27 PM CET, Dec 5, 2016

Ataque pirata y clero corrupto: Archivo Vaticano revela secretos

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galera pirata

Uno de los barcos pirata estaba comandado por un hombre llamado Antonio "Botafoc"

Se han revelado en unos documentos recién publicados de los archivos del Vaticano un cuento medieval del tesoro de un obispo muerto, un papa y un pirata cuyo nombre significa "ráfaga de fuego" o "pedo de fuego"

El cuento se parece más a Hollywood que a la realidad.

"Hollywood podría utilizar esta historia. Pero Hollywood no sabe nada al respecto ya que está enterrada en los documentos editados aquí", escribió Charles Donahue Jr., profesor de la Universidad de Harvard, en el prefacio del libro de reciente publicación "The Spoils of the Pope and the Pirates, 1357: The Complete Legal Dossier from the Vatican Archives" (The Ames Foundation, 2014).

Editado por Daniel Williman, profesor emérito de la Universidad de Binghamton, y Karen Ann Corsano, una erudita privada, los documentos publicados en el libro en latín saca estas historias de piratas a la luz.

Tesoro de un obispo muerto

En los primeros meses de 1357 DC, zarpó de Lisboa el São Vicente, un barco cargado con el tesoro de un obispo muerto, de acuerdo con los documentos del Vaticano.

Su carga incluía oro, plata, anillos, tapices, joyas, fina cerámica y altares portátiles. Este tesoro fue anteriormente propiedad de Thibaud de Castillon, un obispo de Lisboa recientemente fallecido que había adquirido una gran cantidad de riqueza durante el ejercicio de sus funciones.

Thibaud de Castillon

"Gobernó y explotó el obispado a través de un vicario general durante tres años mientras que él logró una colaboración comercial con los importantes comerciantes de Montpellier, Peire Laugautru y Guilhem Parayre", escribieron en su libro Williman y Corsano. Estas actividades comerciales en el Mediterráneo y Atlántico incluyen comercio especulativo con la compra de materias primas como la lana en la esperanza de que su valor se incrementaría.

Mientras De Castillon no tuvo que hacer un voto de pobreza (no se requiere que le hagan todos los sacerdotes), la forma en que adquirió su riqueza era cuestionable para alguien de su posición, dicen Williman y Corsano.

"La usura [prestar dinero con una alta tasa de interés] era pecado mortal, y el beneficio de las inversiones comerciales se consideraba usura", dijo Williman y Corsano. Para evitar este pecado mortal, de Castillon hizo "torpes esfuerzos para pretender que su riqueza en efectivo y sus beneficios pertenecían en realidad a sus agentes", como Laugautru y Parayre, añaden Williman y Corsano.

La administración papal miró hacia otro lado. Su "pasado en el Atlántico y el comercio del Mediterráneo podría haber sido vista por la Cámara Apostólica [la organización a cargo de las finanzas papales] como experiencia no deseable para un obispo en Portugal y, en todo caso, la Cámara tenía la intención de tomar todas las riquezas de Thibaud como botín cuando él muriese", escribieron en su libro Williman y Corsano.

Ataque pirata

castillo de AvignonLa misión de la São Vicente era entregar el tesoro del obispo muerto a Avignon, en Francia, donde estaba la sede del Papa Inocencio VI (reinado 1352-1362). En el siglo XIV los papas residieron a menudo en Avignon debido a la agitación política en Italia.

Mientras navegaba cerca de la ciudad de Cartagena, en la actual España, la tripulación de la nave de alrededor de una docena de hombres fue atacada por dos barcos piratas. Uno de ellos estaba comandado por un hombre llamado Antonio "Botafoc". La palabra botafoc significa "explosión de fuego" o "pedo de fuego" - su apellido real se pierde en la historia. La otra nave iba comandada por Martín Yanes.

La nave de Botafoc estaba armada hasta los dientes. Los registros indican que su tripulación lleva sables (espadas, con palas curvadas utilizadas por los marineros y piratas) y picas de guerra, y su galera tenía al menos siete ballestas, que eran grandes dispositivos capaces de lanzar balas de piedra de 9 pulgadas (23 centímetros) en altas velocidades. Dos ballestas habrían sido colocadas en la proa, una habría sido elevada por encima de la cubierta y los otras podrían haber sido movibles, dijeron Williman y Corsano.

Frente a esta abrumadora potencia de fuego, la tripulación del São Vicente no tuvo más remedio que rendir el tesoro.

Mientras Yanes pudo haber hecho una salida limpia, la tripulación del Botafoc no tuvo tanta suerte. La nave de Botafoc encalló cerca de la ciudad de Aigues-Mortes en Francia. La guarnición local capturó a la tripulación del Botafoc y los colgó en la playa, posiblemente por el mástil (parte del buque utilizado para manipular las velas) de su propia galera.

"Los pobres marineros comunes fueron extrajudicialmente ahorcados. Eran, por tradición, hostes humani generis ( enemigos de la raza humana) como salteadores de carreteras, y no les protegía ninguna ley", dijero Williman y Corsanon.

Botafoc y algunos de sus oficiales se salvaron y fueron enviados a prisión en espera de su destino. "Con el depósito una gran cantidad de monedas de oro al obispo de Turín, que se encontraba en su residencia en Montpellier, Botafoc fue entregado al capitán de Aigues-Mortes, mientras que su compañero y otro oficial quedaron en custodia del alguacil de la justicia de la Curia papal de Aviñón", escribieron en su libro Williman y Corsano.

Antes de que las autoridades pudieran asegurar la embarcación pirata varada, los pescadores locales se llevaron artículos de la nave, alegando derecho de rescate.

El 11 de febrero 1357, Jean des Baumes, un empleado de un juez local, hizo un inventario de los bienes restantes. "Aparte de la vela, cuerdas, remos, armamento y aparejo del barco, el secretario del juez escribe que aparece en la playa una gran masa de ropa y tela, pero también artículos como libros y ornamentos eclesiásticos".

El tesoro fue recapturado al Papa y fue utilizado como regalos para la realeza y para pagar a los soldados, cortesanos y demás personal.

Hacer trampa al verdugo

Mientras la tripulación del Botafoc fue ahorcada, sus oficiales fueron despedidos con una multa, indican los registros del Vaticano.

Parece que el propio Botafoc también logró escapar de la soga del verdugo cuando fue pagada la multa a la junta de finanzas del Vaticano. Sin embargo, "los sargentos reales de la guarnición de Aigues-Mortes podrían haber hecho lo que quisieran con él", dijeron Williman y Corsano.

El segundo barco pirata que atacó a la São Vicente - el comandado por Yanes - nunca se volvió a mencionar en los registros históricos. La tripulación de Yanes pudo haber conseguido escapar limpiamente con la recompensa del tesoro.