Las costosas consecuencias de la Operación Sailor Hat

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Cráter de la Operación Sailor hat

En Kahoʻolawe, Hawái, se detonaron ingentes cantidades de TNT durante la Guerra Fría

En la costa de Kaho'olawe, la más pequeña de las ocho islas volcánicas principales de Hawái, hay un gran cráter dejado por una violenta prueba realizada por la Marina de los EE. UU. en 1965.

En aquel entonces, desde el comienzo de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1990, Kahoʻolawe fue utilizada como campo de entrenamiento y como objetivo de bombardeo por las fuerzas armadas de los EE. UU.

Miles de soldados, marineros y aviadores entrenaron en Kaho'olawe para los brutales asaltos en islas como las islas Gilbert y Marshall, y Nueva Guinea en el Pacífico occidental.

Durante la Guerra de Corea, la Guerra de Vietnam y durante todo el período de la Guerra Fría, los pilotos practicaron en Kaho'olawe bombardear maquetas de aeródromos, campos militares, instalaciones de radar y sitios de misiles.

En 1963, las tres superpotencias nucleares del mundo (Estados Unidos, la Unión Soviética y el Reino Unido) y 113 países más firmaron el Tratado de prohibición parcial de ensayos nucleares (Partial Test Ban Treaty (PTBT)) que prohibió todas las pruebas atmosféricas de armas nucleares. La prohibición se aplicó para abordar la creciente ansiedad pública sobre la magnitud de los ensayos nucleares y el riesgo de lluvia nuclear.

La prohibición se produjo en un momento en que la Marina de los EE. UU. aún tenía una o dos cosas que aprender acerca de las bombas nucleares, especialmente cómo les afectaría a los barcos de la Armada en presencia de una explosión. Debido a que no pudieron detonar bombas nucleares sobre el suelo, para simular una bomba nuclear la Marina recurrió a explosivos normales pero en cantidades enormes.

Bajo la Operación Sailor Hat se realizaron en Kahoʻolawe una serie de tres pruebas. Se anclaron mar adentro a unos cientos de metros de la costa varios barcos fuera de servicio, y se detonó una gran cúpula de bloques de TNT (de 10 metros de ancho y 5 metros de altura) que contenía 500 toneladas de explosivos.

domo de TNT en Kaho'olawe

Después de la primera prueba, el gran cráter producido por la explosión, que se introdujo en el lecho de roca, se llenó de arena para minimizar el daño secundario causado por la expulsión de rocas. Sobre este cráter se construyó otro domo de bloques de TNT para la segunda prueba. Esto se repitió para la tercera prueba.

Cada una de las tres enormes explosiones se pudo ver desde kilómetros, por tierra, aire y mar. Sus ondas de choque fueron tan poderosas que fueron destrozadas las antenas, radares y otras estructuras en la cubierta de los barcos. Un maniquí de tamaño natural colocado en la cubierta frente a la explosión fue lanzado violentamente.

 

explosión de TNT en Kaho'olawe

explosión de TNT en Kaho'olawe

explosión de TNT en Kaho'olawe

A pesar del daño en la parte superior, el equipo de la marina de 169 hombres y 60 miembros del personal científico que permanecieron bajo cubierta experimentaron solo una sacudida equivalente a un acorazado clase Iowa disparando una salva de nueve cañones de 16 pulgadas. La Armada quedó impresionada con lo bien que sus barcos resistieron la explosión. Solo se necesitaron algunas mejoras menores de diseño para hacer que los barcos fuesen más robustos.

Mientras tanto, en Kahoʻolawe, el cráter dejado por la tercera explosión permaneció sin rellenar y, lentamente, a medida que el ecosistema se recuperaba, se formó un pequeño estanque de agua sin litoral con conexión subterránea al océano. El cráter del Sailor Hat, “Sombrero de marinero”, ahora alberga dos especies endémicas de camarones. Hoy todavía se pueden ver piedras fundidas por la explosión.

Cráter de la Operación Sailor hat

Durante las últimas tres décadas, el estado de Hawái junto con la Armada de los EE. UU. se ha comprometido en un trabajo de limpieza en la isla para intentar eliminar los artefactos explosivos sin detonar y revertir los daños causados por casi cincuenta años de pruebas de municiones. Para tal fin, se han invertido más de $ 400 millones, pero el trabajo está lejos de terminar. Un cuarto de la isla sigue prohíbida a los visitantes.

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