updated 4:02 PM CET, Dec 6, 2016

Un nuevo país sobre el Mar

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isla artificial del Seateading Institute

Patri Friedman propone un archipiélago de países

Los habitantes de cada isla-nación eligirían su propia forma de vida y a sus representantes

Patri FriedmanPatri Friedman es un anarcoliberal harto de un Gobierno cada vez más invasor de las libertades individuales y un realista que sabe que no se puede cambiar el funcionamiento de la democracia desde dentro del sistema. Patri no tira la toalla y cree tener la solución: un país nuevo sobre el mar, en una isla; en definitiva, ir hacia una nueva frontera, como fueron los pioneros del Oeste. Su sueño sería un archipiélago de países donde los gobiernos competirían por los habitantes. Así, el Estado más ineficaz podría desaparecer porque nadie querría vivir en él.

Patri es nieto de Milton Friedman, premio Nobel de Economía, gurú de la Escuela de Chicago y hoy uno de los supuestos demonios inspiradores de los neocom, culpables de la recesión económica que vivimos. El abuelo Friedman, fallecido en 2006, es uno de los más famosos apóstoles del libre mercado y su nieto es un digno seguidor que cree que los ciudadanos sufrimos por la falta de competencia entre los países. Cambiarnos de Estado no es tan fácil como hacerlo de operador de móvil, y él pretende que sí lo sea. Se acabarían de ese modo los cheques en blanco de los ciudadanos a sus representantes para toda una legislatura. Si el Gobierno de la isla promueve una ley que no convence un lunes, el martes los opositores se pueden haber mudado a otra.

isla artificial del Seateading Institute

Patri Friedman propone un archipiélago de países

Los habitantes de cada isla-nación eligirían su propia forma de vida y a sus representantes

Patri FriedmanPatri Friedman es un anarcoliberal harto de un Gobierno cada vez más invasor de las libertades individuales y un realista que sabe que no se puede cambiar el funcionamiento de la democracia desde dentro del sistema. Patri no tira la toalla y cree tener la solución: un país nuevo sobre el mar, en una isla; en definitiva, ir hacia una nueva frontera, como fueron los pioneros del Oeste. Su sueño sería un archipiélago de países donde los gobiernos competirían por los habitantes. Así, el Estado más ineficaz podría desaparecer porque nadie querría vivir en él.

Patri es nieto de Milton Friedman, premio Nobel de Economía, gurú de la Escuela de Chicago y hoy uno de los supuestos demonios inspiradores de los neocom, culpables de la recesión económica que vivimos. El abuelo Friedman, fallecido en 2006, es uno de los más famosos apóstoles del libre mercado y su nieto es un digno seguidor que cree que los ciudadanos sufrimos por la falta de competencia entre los países. Cambiarnos de Estado no es tan fácil como hacerlo de operador de móvil, y él pretende que sí lo sea. Se acabarían de ese modo los cheques en blanco de los ciudadanos a sus representantes para toda una legislatura. Si el Gobierno de la isla promueve una ley que no convence un lunes, el martes los opositores se pueden haber mudado a otra.

Los habitantes de la isla nación se organizarían a su gusto. No hay reglas a priori. El joven ideólogo mantiene que se podría comenzar con grupos de cierta afinidad. No conviene mezclar a un nudista con un conservador cristiano, aunque puede haber islas que aglutinen a esas dos comunidades.

Patri ha encontrado inspiración en su padre, David Friedman, físico y autor de La Maquinaria de la Libertad, un texto clave para los ultraliberales. Propone que sean empresas las que se encarguen de todas las tareas del Estado, incluidas la ley y el orden. Su hijo, sin embargo, prefiere la práctica a la teoría. Para pasar a la acción, Patri dejó Google, donde trabajaba y, con una donación de medio millón de dólares proporcionada por Peter Thiel (el inventor del método de pago Paypal), puso en marcha el Seasteading Institute, un organismo encargado de hacer realidad las ideas de la familia Friedman.

Ephemerisle, logoEl Instituto, que lleva en marcha poco más de un año, ya ha organizado un concurso de ideas para el diseño de la plataforma, que ha ganado el húngaro András Gyõrfi. El resultado es una plataforma con edificios de cuidado diseño y zonas ajardinadas. Sería la isla ideal. Patri, sin embargo, quiere ir poco a poco.

En dos años pretende tener listo un prototipo que dé cobijo a menos de 10 personas. Estaría situado enfrente de San Francisco o en el Puget Sound, frente a Seattle, dos ciudades de jóvenes millonarios con negocios de Internet, un público que, según Patri y su principal donante, puede estar interesado en su idea de archipiélago de islas independientes. De hecho, pretenden llegar a los 100.000 habitantes en 35 años. Mientras, se centran en la captación de fondos con un programa de socios que ha arrancado este año.

Para aportar nuevas ideas el Seasteading Institute ha organizado un evento para el próximo mes de octubre, el Ephemerisle, que se celebrará en Sacramento River Delta, California (ver enlace a pie de página).

Con su filosofía de ir paso a paso, Patri y sus seguidores no pretenden declararse inmediatamente un Estado independiente. Aunque expertos en derecho marítimo siguen estudiando las posibles fórmulas jurídicas, Friedman admite que lo más realista para empezar es que la isla tenga una bandera de conveniencia, como hacen muchos barcos, de países que no estén muy interesados en saber a qué se dedican los habitantes de una nueva colonia marina al otro lado del globo.

isla-artificial-seateading-institute-edificio.jpg
La idea del Seasteading Institute es que no sea un complejo de lujo, sino un sitio igual de asequible que el suelo en la Bahía de San Francisco. En la isla, no habitaría una panda de hippies ni tampoco un grupo de millonarios excéntricos deseosos de nuevas experiencias. Según su plan, las plataformas marinas tendrían que buscar nichos de mercado que las hicieran interesantes. «Tardaremos aún un rato en ser un país poderoso», ironiza Patri. Ideas no le faltan.

En la isla se podrían ensayar antes nuevos fármacos, eludiendo las restricciones que impone EEUU, y atraer así a laboratorios y enfermos. También podrían trabajar codificadores de software con unas condiciones laborales más ventajosas. «Se podrían contratar a los mejores de muchos países, sin tener que hacer los trámites burocráticos para los permisos de trabajo».

El turismo temático no es descartable: los ecologistas pueden estar interesados en ver cómo se vive en un lugar que necesariamente tiene que ser cuidadoso con el medio ambiente.La plataforma sólo será idílica para los anarcoliberales. Estos se tendrán que olvidar de grandes jardines, por ejemplo, o de una dieta tan variada como la que proporciona un supermercado occidental. Sí que tendrán muy a mano, además de los peces, claro, la espirulina, un alga que es un alimento de lo más nutritivo. Y es que en el mundo anarcoliberal de Patri todo se aprovecha.

Vídeo de Patri Friedman de Seasteading


«Yo soy un libertario con unas ideas extrañas para muchos», confiesa el joven visionario.

Claves del proyecto Seastead

El ideario

Prohibido prohibir. Patri Friedman defiende la existencia de una sociedad libre y sin poder político. Proclama que la mejor regla es no tener reglas. Se declara anarcoliberal y rechaza el control del Estado. Dice, como su abuelo Milton Friedman, apóstol del ultraliberalismo, que prohibir es un fracaso.
Sin burocracia

Mudanza. Los habitantes de la isla-nación eligirían su propia forma de vida y a sus representantes. En el caso de no estar de acuerdo con la gestión podrían mudarse a otra isla sin tener que cumplir con burocracia alguna. En definitiva, se organizarían como ellos quisiesen.

Agua y comida

Dos litros al día. El agua potable se obtendría en una especie de piscinas, donde se calentaría y purificaría. Cada habitante dispondrá de dos litros al día. Importarían trigo, arroz o el aceite de oliva. Utilizarían tomates modificados genéticamente para que pudieran ser regados con el agua salada del océano.

Ver también: Lilypad, refugio climático para el futuro

Enlaces:    The Seasteading Institute    Ephemerisle

Leido en "El Mundo"

Crédito imágenes: Seasteading Institute y Dustin Aksland