Inmersiones en que las aves marinas desafían a la muerte

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zambullida de un alcatraz en el mar

Algunas aves marinas se zambullen en el agua a velocidades asombrosas, ¿entonces, por qué no se hacen daño?

La superficie del agua está calma cuando de repente, desde lo alto, un alcatraz se deja caer en picado. Sus ojos están abiertos y sin pestañear mientras golpea el agua y se sumerge a las profundidades del tanque, apareciendo todo el tiempo totalmente imperturbable. Hay una buena razón para el tranquilo comportamiento del pájaro: está muerto.

"La primera vez que recibí un pájaro muerto desde un museo no tenía idea de lo que íbamos a hacer con él", dice Sunghwan Jung, jefe del Laboratorio de Fluidos Bio-Inspirados en el Instituto Politécnico y la Universidad Estatal de Virginia. "No imaginaba que lo congelaríamos y lo dejaríamos caer en el agua".

Rigor mortis a un lado, hay otra razón por la que los alcatraces del atlántico o comunes (Morus bassanus) - incluso los vivos - son inquebrantables en inmersiones a alta velocidad: lo hacen todo el tiempo. El alcatraz congelado de Jung está meramente demostrando cómo las aves logran tal hazaña sin matarse a sí mismas.

Los gansanos del norte, como muchas aves marinas, les gusta comer pescado, pero las presas más buscadas como la caballa viven muy por debajo de la superficie del agua. Sería agotador para los pájaros nadar hasta allí. En su lugar, los alcatraces dejan que la gravedad haga el trabajo: se sumergen desde hasta 40 metros de altura, alcanzando profundidades de alrededor de 11 metros, sin ni siquiera un meneo de sus patas.

Los alcatraces del atlántico son maestros de este arte. "Estoy impresionado por la forma en que estos animales se alimentan con regularidad", dice entusiasmada Samantha Cox, una estudiante de doctorado especializada en el comportamiento de alimentación de aves marinas en la Universidad de Plymouth, en el Reino Unido. "Golpean el agua a velocidades extremadamente rápidas con gran precisión y en una posición muy aerodinámica".

De hecho, estas aves están golpeando el agua a unos increíbles 85 kilómetros por hora.

inmersión de un alcatraz en un tanque de laboratorioManejado incorrectamente, un choque en el agua a alta velocidad puede ser devastador. Pero debido a la evolución que tienen, los alcatraces están bien adaptados para su estilo de vida de alto impacto, ya que poseen estructuras como de airbag (archivo PDF) en la parte inferior del cuerpo, y la nariz está cubierta para evitar la entrada de agua en sus fosas nasales. Sin embargo, Jung tenía curiosidad por lo que veía como un evidente punto débil: sus largos y esbeltos cuellos. ¿Por qué, se preguntaba, los cuellos de los alcatraces no se doblan o fracturan al entrar en el agua?

Para averiguarlo, su equipo congeló a un pájaro en su posición de buceo y luego lo soltó repetidamente en un tanque de agua. Con vídeos de alta velocidad fueron capaces de descartar las fuerzas hidrodinámicas directas que actúan sobre el cuello, ya que podían ver claramente las cavidades de aire protector que se formaban en torno a él al entrar. En cambio, en la siguiente fase del experimento se enfocaron en la cantidad de fuerza que actúa sobre la cabeza del ave y, por tanto, sobre su cuello.

El equipo produjo alcatraces modelo utilizando "cuellos" elásticos y "cabezas cono" de diferentes longitudes y proporciones. Estos modelos fueron sumergidos en el agua a diferentes velocidades.

Junto con un análisis anatómico del alcatraz congelado, los modelos simplificados del equipo demostraron que las lesiones se previenen a través de una combinación de la longitud optimizada del cuello del ave, el pico aerodinámico y los músculos del cuello que se contraen justo antes del impacto. Increíblemente, parece que el cuello del alcatraz podría soportar velocidades de hasta 288 kilómetros por hora antes de que se doblara. Esto sugiere que estas aves son bastante conservadoras, buceando tres veces más lento de lo que podrían.

"La mayoría de los sistemas biológicos tratan de tener algún tipo de factor de seguridad", explica Jung.

A pesar de las adaptaciones evolutivas, el buceo no está totalmente libre de riesgos, incluso para aves tan supremamente adaptadas. El ecologista nutricional Gabriel Machovsky-Capuska observó en 2011 la carnicería que puede resultar de inmersiones en masa, con imágenes de vídeo y autopsias de alcatraces de Nueva Zelanda que revelaron decenas de aves que chocaron bajo el agua y, a veces, se empalaban la una a la otra con sus afilados picos.

A menos que los alcatraces quieran acabar como su amigo congelado, jugar con seguridad parece una opción recomendable cuando se realiza una zambullida desde lo alto.

Artículo científico: How seabirds plunge-dive without injuries

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