Ha dejado destructivas irreversibles huellas en la genética de la especie
Una colección única de huesos de ballena boreal prehistórica, que datan de hace 11.000 años, revela una historia hasta ahora desconocida sobre el impacto relativo de los seres humanos en la naturaleza.
Las series temporales de antiguos fósiles muestran que la caza comercial de ballenas boreales, que se extendió durante 400 años y cesó hace menos de un siglo, en 1931, ha dejado destructivas irreversibles huellas en la genética de la especie. Esto podría tener graves consecuencias para la vulnerabilidad a largo plazo de la especie.
Investigadores de la Universidad de Copenhague dirigieron un equipo internacional para estudiar esta singular colección de fósiles utilizando ADN, isótopos estables y datos paleoclimáticos. Sus hallazgos demuestran que la ballena boreal ha demostrado una notable resistencia al cambio climático durante los últimos 11.000 años pero, a pesar de ello, la reciente actividad humana ha dejado duraderos impactos que pueden afectar a su supervivencia a largo plazo.
"Nuestro estudio demuestra que la ballena boreal o de Groenlandia (Balaena mysticetus) es una especie extremadamente resistente. Sin embargo, la visible pérdida de diversidad genética causada por la caza comercial de ballenas, revelada por nuestro análisis, es solo la punta del iceberg. El declive de la diversidad y la aptitud es un proceso continuo que persistirá durante mucho tiempo", afirma el autor principal, Michael V. Westbury, antiguo profesor adjunto de la Universidad de Copenhague y actualmente profesor asociado de la DTU. "Las ballenas boreales son una especie que puede soportar casi cualquier cosa, excepto a los humanos".
Las ballenas consanguíneas son ballenas más débiles
El estudio se basa en el análisis de una serie temporal de 11.000 años de fósiles de ballena boreal procedentes del archipiélago ártico canadiense y del archipiélago de Svalbard (Noruega). Se examinaron cientos de huesos mediante datación por radiocarbono, paleogenómica e isótopos estables, y se compararon con actuales ballenas boreales de las mismas regiones.
Además, los más de 850 fósiles datados mediante radiocarbono se integraron con datos paleoclimáticos para modelar el hábitat de la ballena boreal durante los últimos 11.000 años, un período conocido como el Holoceno. Esto permitió a los investigadores explorar los vínculos entre el cambio climático del pasado, la genómica y la ecología de la ballena boreal, y los cambios en la distribución de las especies desde el final de la última Edad de Hielo.
Imagen derecha: Cuatro siglos de caza comercial de ballenas erosionaron 11.000 años de estabilidad poblacional en las ballenas boreales. Crédito: Cell (2026). DOI: 10.1016/j.cell.2026.02.022
Los análisis muestran que las poblaciones de ballena boreal en el Atlántico Norte se mantuvieron estables durante todo el Holoceno, hasta hace 500 años. Durante la caza comercial de ballenas, las poblaciones perdieron diversidad genética y se estructuraron cada vez más.
Basándose en su serie temporal de 11.000 años de diversidad genética de la ballena boreal, los investigadores estimaron cómo evolucionará la diversidad genética de la especie en las futuras generaciones. Los resultados muestran que la diversidad seguirá disminuyendo como consecuencia directa de la caza comercial de ballenas, incluso si las poblaciones se mantienen estables. Esto podría afectar gravemente la capacidad de adaptación de la especie al cambio climático.
"La diversidad genética de una especie es como una navaja suiza. Cuanto más grande sea la navaja, más herramientas tendrá una especie para responder a los factores de estrés", explica la autora principal, Eline Lorenzen, profesora de historia natural molecular en el Instituto Globe de la Universidad de Copenhague.
"La diversidad genética es fundamental para que las especies puedan afrontar situaciones de estrés o cambios, como enfermedades o alteraciones ambientales. Cuanto mayor sea la diversidad de una especie, mayores serán sus posibilidades de supervivencia".
Caza comercial de ballenas
La caza comercial de ballenas boreales comenzó alrededor del año 1540, impulsada por la enorme demanda de aceite de ballena utilizado en lámparas. Balleneros de Inglaterra, Estados Unidos, los Países Bajos y Alemania se dirigieron al norte, al océano Ártico.
La caza de ballenas incluía a marineros daneses, especialmente de las islas del Mar de Frisia, que se unían a las expediciones balleneras holandesas. Prueba de ello aún se puede apreciar en la isla de Rømø, donde todavía se conserva una valla construida con huesos de ballena boreal traídos de una expedición ballenera del siglo XVIII.
La protección de la ballena boreal se estableció en 1931 con la firma de un convenio internacional que prohibía la caza de todas las especies de la familia de las ballenas francas (Balaenidae). Para entonces, la población mundial estaba tan mermada que la caza de ballenas boreales ya no era económicamente viable.
Desaparecida para siempre
El panorama para las ballenas boreales es desalentador. Incluso si aumenta el tamaño de sus poblaciones, la diversidad genética que se ha perdido, se ha perdido para siempre.
"Nuestro estudio proporciona una base ecológica de 11.000 años para la ballena boreal. Ofrecemos información sobre la resiliencia a largo plazo de la especie ante los cambios climáticos del pasado, así como una comprensión clara del impacto relativo de la caza comercial de ballenas. En términos evolutivos, ese impacto ha sido enorme. Las consecuencias biológicas de la caza de ballenas se extenderán durante muchas generaciones", afirma Lorenzen.
El estudio, publicado en la revista Cell y destacado en la portada del número del 2 de abril, se titula "Four centuries of commercial whaling eroded 11,000 years of population stability in bowhead whales"











