updated 2:26 PM CET, Dec 1, 2016

La ballena vasca no fue víctima de la caza intensiva

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ballena franca del Atlántico Norte, madre y cria

Por mucho tiempo se pensó que su desaparición se debió a los arpones de los balleneros vascos

La caza sí afectó a las especie al reducir de tamaño a la población, pero no tanto como se creía

grabado de caza de ballenas Especialistas canadienses analizaron el ADN de los huesos de una ballena del Atlántico encontrados en un barco ballenero vasco del siglo XVI y comprobaron, a través de este estudio, que la especie siempre fue pequeña en número y con una diversidad genética limitada, y, al contrario de lo que se creía anteriormente, una de las más raras ballenas del mundo no habría sido víctima de la caza extensiva.

Quedan menos de 350 ballenas francas (o ballenas correctas - debido a que era la correcta para cazar ya que flotaba una vez muerta-) del Atlántico Norte en el planeta. Por mucho tiempo se pensó que su desaparición se debió a los arpones de los balleneros que operaron en la zona durante los siglos XVI y XVII. Sin embargo, un nuevo estudio hecho sobre huesos de ballenas confirmó que durante siglos la población de esta especie fue pequeña con una diversidad genética limitada.

De eso se desprende que una matanza generalizada nunca ocurrió.

"Esta es una gran sorpresa, tomando en cuenta lo que se pensaba previamente sobre la especie", señaló la doctora Brenna McLeod, quien trabajó en la Universidad de Trent en Peterborough, Ontario, Canadá y publicó el estudio en la revista Conservation Genetics.

Se solía pensar que la ballena franca del Atlántico Norte (Eubalaena glacialis o Ballena vasca) fue una especie que abundaba en el océano que le dio su nombre.

También estaba asumido que los balleneros vascos del siglo XVI diezmaron la población y que posteriormente los estadounidenses la redujeron aún más, apunta la doctora McLeod, quien actualmente trabaja en la Universidad de Saint Mary en Halifax, Nueva Escocia.

Fue así que quedaron sólo entre 300 y 350 individuos, la cifra que se maneja hoy en día.

Brenna Mcleod, recogiendo muestras
Sin embargo en 1978 el descubrimiento hecho por la historiadora Selma Barkham de un galeón ballenero vasco del siglo XVI ofreció la posibilidad de verificar esas suposiciones.

Dentro del barco se encontraron huesos de ballenas que, luego de años de excavaciones, fueron llevados a la superficie.

Un hueso de una ballena de Groenlandia fue recuperado del galeón español y se le taladró un hueco para recoger una muestra de ADN.


Una de la investigadoras, la doctora Moira Brown, quien trabaja ahora para el Acuario de Nueva Inglaterra en Boston, EE.UU., se dio cuenta que si el ADN se podía extraer de los huesos, podría revelar una gran cantidad de información sobre la matanza de las ballenas.

Las investigadoras procedieron a extraer muestras del ADN de 218 huesos de ballenas recuperados del galeón o de las costas de Quebec y Labrador, donde habían estado durante 400 años en estaciones balleneras vascas, que habían sido abandonadas desde hace mucho tiempo.

De todos esos huesos, sólo uno provenía de una ballena franca del Atlántico Norte. Los otros eran de ballenas de Groenlandia.

"No hubo ninguna evidencia de una cacería dirigida a la ballena franca", dijo a la BBC la doctora McLeod.

caza de ballenas en el Labrador En su más reciente estudio, las investigadoras se dedicaron a extraer más información de ese único hueso perteneciente a una ballena franca del Atlántico Norte.

"Solo ese hueso nos dio una instantánea de las características genéticas de la historia de la población", dice la doctora McLeod.

Al estudiar 27 partes distintas del ADN del hueso, las investigadoras pudieron evaluar las variaciones dentro del código genético. Esos cambios, denominadas alelos, pudieron haber ocurrido en las ballenas francas antiguas, pero ya no estaban presentes en la población actual.

Entre mayor hubiese sido el colapso de la población, más se habrían perdido variaciones genéticas

Sin embargo, la doctora McLeod indicó que "no encontraron alelos 'perdidos'".

"Todos los que se identificaron siguen presentes en la población contemporánea".

Los investigadores también descubrieron que los perfiles genéticos generales del hueso antiguo y los de las ballenas francas modernas son muy similares.

arponero vasco
De ahí se dedujo que los individuos antiguos de la especie no tenían mayores diferencias con los de hoy.

"La caza sí afectó a las especie al reducir de tamaño a la población, pero no tanto como se creía", recalcó la doctora McLeod.

"En vez de los 12.000 a 15.000 individuos que se calculaba que existieron, ahora pensamos que la población fue más pequeña, quizás de unos pocos miles".

En todo caso, aún no se sabe con exactitud a que se debió el descenso en los números.

Las ballenas francas del Atlántico Norte tienden a vivir cerca de la costa.

"Suponemos que la especie podría haber sido afectada por cambios climáticos históricos, como glaciaciones, que la habrían hecho cambiar de hábitat".

ballena franca de Atlántico Norte "Esto podría haber alterado su ubicación y la disponibilidad de alimento y podría haber afectado el éxito reproductivo de los individuos de la población".

Los recientes hallazgos también ofrecen perspectivas con respecto a los esfuerzos para salvar a esta especie en peligro de extinción. La recuperación de su población hoy en día es obstaculizada porque las ballenas son golpeadas por embarcaciones o quedan atrapadas en las redes de pescar.

Los recientes cambios climáticos también impiden que se reproduzcan al ritmo adecuado.

Sin embargo, aunque se debe hacer todo lo posible para impedir que las ballenas mueran accidentalmente a causa de la mano del hombre, la información presentada en el estudio indica que si bien su número es peligrosamente pequeño, se trata de una especie que ha podido sobrevivir adaptándose para soportar muchos de los cambios naturales que enfrenta en la actualidad.

Ver también: Los antiguos balleneros del Mar Cantábrico

Enlaces de interés:
Canadian Museum of Civilization Corporation (A Whaling Station)
Basque Whaling in Red Bay, Labrador
Trent University  (Watershed Ecosystems Graduate Program)