updated 1:39 PM CEST, Sep 28, 2016

El pez tubería se come a sus propios hijos

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Pez tubería (Syngnathus_leptorhynchus)

El macho recrea una especie de placenta que proporciona a los embriones oxígeno y alimento

A través de ella extrae nutrientes de sus propios hijos en un comportamiento de "canibalismo filial"

Pez tubería (Syngnathus_leptorhynchus) Los peces tubería o aguja (Syngnathus typhle), que están emparentados con los caballitos de mar y, como éstos, pertenecen a la familia Syngnathidae, cuidan de sus propias crías de igual forma, salvo con aquellas a las que se come como un Saturno devorando a sus hijos.

A pesar de que es la hembra la que pone los huevos son los machos los que cuidan de los huevos, recibiéndolos de las hembras y dándoles cobijo durante un largo periodo de tiempo en una bolsa especial en donde los incuba. Allí el macho recrea una especie de placenta que proporciona a los embriones oxígeno y nutrientes. Con esto se aumentan las posibilidades de supervivencia de la descendencia pues están más a salvo de los depredadores y mejor alimentados que si la hembra abandonara los huevos en el medio.

Las hembras regulan el tamaño de los huevos en relación al tamaño del macho. Aunque los machos ajustan la cantidad de oxígeno que transfieren a su prole en respuesta de la cantidad de oxígeno disuelta en el agua, algunos de los embriones pueden padecer hipoxia (carencia de oxígeno), especialmente los procedentes de huevos más grandes.

Pez tubería arlequin

Algunos de los embriones desaparecen durante este periodo dentro del macho. El macho almacena unos 100 embriones en su bolsa, de los cuales pueden sobrevivir casi todos o ninguno.

Los embriones desaparecidos han sido un misterio que ha estado intrigando a los especialistas durante un tiempo. En el pasado se especuló que quizás otros embriones hermanos podrían reabsorber a los desaparecidos. Ahora Gry Sagebakken y sus colaboradores han descubierto que no se trata de un canibalismo entre hermanos, sino un canibalismo filial.

pez tubería, Chorythoichthys ocellatus En su estudio pudieron demostrar que el macho no solamente usa su “placenta” para proporcionar nutrientes a su descendencia sino que también la usa en sentido contrario, para extraer nutrientes de sus propios hijos. Como resultado de esta táctica algunos de los embriones desaparecen de la bolsa.

Para poder descubrir este comportamiento los científicos idearon un experimento en el que marcaron radiactivamente los nutrientes de los huevos de las hembras. De este modo era fácil seguir la ruta que seguían estos nutrientes con un instrumental al uso. Si los hermanos fueran los culpables estos nutrientes pasarían al cuerpo de ellos. Resultó que fue el cuerpo del padre el que absorbía estos nutrientes radiactivos, delatándose así al culpable real.

El padre utiliza, por tanto, este sistema en su propio provecho en virtud de las necesidades del momento.
Como siempre, no es justo juzgar este tipo de comportamientos bajo la ética humana. Es de suponer que este comportamiento sea en beneficio de la especie, pues debe de haber sido seleccionado por evolución para ese cometido. Probablemente esta táctica maximice el número de pececillos que finalmente terminan en el mundo exterior.

Más sobre el pez tubería:

Miden de 25 a 300 mm, de lentos movimientos, realizan pequeñas ondulaciones, de hasta 35 vibr./s, con sus aletas pectorales. Por ende, la presa será muy pequeña y más lenta. Para la captura de su "comida", succionan velozmente. En 1 h puede tragar 360 crías de camarón.

La hembra sólo se acerca al macho para transferirle los huevos en un "abrazo nupcial" de 30 s, luego la hembra se desentiende de su cría y del padre de sus hijos para seguir alimentándose hasta que llegue el momento de producir otra puesta en otro macho cualquiera que se encargará de cuidar a la descendencia.

La hembra pega los huevos sobre el macho, en una membrana de desove que el macho tiene en el abdomen. Allí quedan durante diez días, hasta la eclosión, cuando se liberan los jóvenes peces tubería, de 15 mm, escapan rápidamente para no ser comidos también en esta ocasión por su progenitor.

Se desarrollan rápidamente: en 70 días llegan a 5 cm y a los 90 días ya alcanzan la madurez sexual. Viven de dos a tres años.

Primera lectura: Un pez se come a sus propios hijos