La película convierte una novela para adultos (aunque imperfecta) en material apto para familias
Un artículo de Ari Mattes (*) para The Conversation
¿Cuántas veces has salido del cine y has escuchado a alguien comentar sarcásticamente que prefería el libro, como si esto de alguna manera lo conectara con una tradición más rica y más intelectual?
Esto podría parecer cierto cuando se trata de obras maestras literarias como El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, adaptadas en versiones regulares con casi cuatro décadas de diferencia (igualmente aburridas, por razones casi opuestas). Pero lo contrario suele ocurrir con la ficción popular, que se beneficia de la calidad inmersiva y visceral del cine.















