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Los tiburones fantasma del Mediterráneo

gran tiburón blanco

Lo que podría revelar un raro avistamiento de un gran tiburón blanco sobre un océano en constante cambio

Esta semana unos buceadores que retiraban redes abandonadas de un naufragio entre Túnez y Sicilia filmaron un tiburón blanco adulto. Las imágenes dieron la vuelta al mundo rápidamente, pero lo más destacable no es que se avistara un gran tiburón blanco en el Mediterráneo, sino que su presencia sorprendiera a tanta gente.

Los grandes tiburones blancos (Carcharodon carcharias) siempre han formado parte del ecosistema mediterráneo. Registros históricos que se remontan a más de 150 años documentan su presencia en toda la región, desde España y Francia hasta Italia, Malta y Grecia.

Aunque nunca fueron abundantes, en el pasado se les veía con más frecuencia que en la actualidad. Con el tiempo, la presión pesquera, la disminución de sus presas y la captura accidental redujeron drásticamente sus poblaciones, hasta el punto de que los avistamientos se volvieron excepcionalmente raros.

No están extintos, pero se observan con poca frecuencia

Hoy en día, a los tiburones blancos del Mediterráneo se les suele describir como una "población fantasma": no están extintos, pero rara vez se les observa. La mayoría de las pruebas actuales provienen de encuentros aislados, como informes de pescadores, fotografías o breves vídeos.

"Muchos informes siguen siendo difíciles de verificar, lo que contribuye al misterio que rodea a la especie. Algunos suponen que estos tiburones son simplemente ejemplares perdidos que entraron por el Estrecho de Gibraltar, pero las investigaciones sugieren lo contrario", dice el Dr Nicholas Ray de la Universidad de Nottingham Trent.

Vídeo: Durante una misión para recuperar redes fantasma en el estrecho de Sicilia, unos buzos técnicos tuvieron un extraordinario encuentro: a una profundidad de unos 40 metros, un gran tiburón blanco adulto apareció repentinamente frente a ellos.

Un estudio genético de 2020, liderado por la Universidad de Bolonia, reveló que los tiburones blancos del Mediterráneo son únicos. Mediante el análisis del ADN de restos históricos de tiburones, los investigadores descubrieron que esta población ha permanecido aislada durante aproximadamente 3,2 millones de años, lo que la convierte en una de las poblaciones de tiburones blancos más antiguas y singulares del planeta. Su ADN está más estrechamente relacionado con las poblaciones del Pacífico que con las del Atlántico vecino, lo que indica una compleja historia evolutiva.

El estudio también reveló una diversidad genética extremadamente baja, lo que sugiere una pequeña y frágil población, moldeada por un evento fundador o un cuello de botella genético. Esta población se considera en peligro crítico de extinción, y su baja variabilidad genética podría aumentar su vulnerabilidad. Al tratarse de un linaje distinto, su desaparición representaría una disminución significativa de la diversidad global del tiburón blanco.

A pesar de confirmar la persistencia a largo plazo, el estudio destacó una importante laguna de conocimiento: se sabe poco sobre la distribución de la especie, el uso del hábitat o las tendencias de la población en el Mediterráneo. Esto presenta un serio desafío para la conservación, ya que es difícil proteger una especie sin comprender dónde se alimenta, migra o se reproduce.

Evidencias recientes refuerzan la idea de que el gran tiburón blanco del Mediterráneo aún sobrevive, aunque en cantidades muy reducidas. En abril de 2023, pescadores de atún capturaron accidentalmente un ejemplar juvenil de gran tiburón blanco a unas 20 millas náuticas de Alicante, España. Con poco más de 2 metros de longitud, el tiburón fue identificado genéticamente como Carcharodon carcharias.

Dado que se trataba de un ejemplar juvenil, los científicos se preguntaron si algunas zonas del Mediterráneo occidental aún podrían funcionar como hábitat de desarrollo o áreas de cría. Si bien no es concluyente, esto sugiere que la población podría ser más importante ecológicamente de lo que se creía.

gran tiburón blanco en el Mediterráneo

Imagen: El tiburón (arriba) rodeó al grupo de buceadores antes de perder el interés y desaparecer de nuevo en la oscuridad. Crédito: Derk Remmers/Healthy Seas/Ghost Diving/SDSS

¿Por qué se están volviendo más frecuentes los encuentros?

Junto con el reciente avistamiento de un ejemplar adulto en el estrecho de Sicilia, esta evidencia apunta no a una especie que regresa, sino a una que nunca desapareció por completo. La pregunta es por qué estos encuentros son ahora más visibles.

Parte de la solución reside en una mejor vigilancia, que incluye la disponibilidad de cámaras subacuáticas avanzadas, seguimiento por satélite, ciencia ciudadana y reportes, lo que significa que ahora es mucho más probable que se documenten inusuales encuentros. Sin embargo, el cambio ambiental también puede estar influyendo en cuándo y dónde se observan los tiburones.

Los ecosistemas marinos de todo el mundo están experimentando una rápida transformación. Las temperaturas del océano están aumentando, la distribución de las presas está cambiando y las especies están respondiendo alterando sus movimientos y comportamiento.

Los tiburones blancos, como depredadores ápice de gran movilidad, son particularmente sensibles a estos cambios. Es importante destacar que un mayor número de avistamientos no implica necesariamente una recuperación de la población. El cambio climático suele redistribuir las especies en lugar de aumentar su número.

A medida que las aguas se calientan y cambian las presas, los tiburones pueden aparecer en lugares donde históricamente eran poco comunes o llegar en diferentes épocas del año.

Están surgiendo pruebas de estos cambios a nivel mundial. A lo largo de la costa este de Norteamérica, los investigadores han documentado cambios en los movimientos del gran tiburón blanco, incluso en Florida y el Golfo de México.

Los estudios de marcaje por satélite demuestran que los movimientos de los tiburones están estrechamente ligados a las condiciones ambientales y a la disponibilidad de presas, y que los individuos ajustan su distribución en consecuencia.

Esto pone de manifiesto que los superdepredadores responden a múltiples factores interrelacionados, como el clima, la disponibilidad de presas y las condiciones del hábitat. Desde esta perspectiva, el avistamiento en el Mediterráneo no es una curiosidad aislada, sino parte de un patrón más amplio de cambio ecológico.

¿Qué significa esto para la conservación?

El avistamiento ha generado peticiones para una mayor protección marina, incluyendo la ampliación de las áreas marinas protegidas. Sin embargo, esto plantea un desafío clave: ¿Por dónde debería comenzar la protección?

Los tiburones blancos son muy móviles y cruzan fronteras nacionales, por lo que la conservación no puede basarse en la protección de lugares específicos. Requiere la identificación de hábitats críticos, como rutas migratorias, zonas de alimentación y posibles áreas de cría que pueden abarcar varios países.

El estrecho de Sicilia, donde se grabaron las recientes imágenes, es a la vez un importante punto caliente de biodiversidad y una región marina muy explotada. Si los tiburones blancos continúan utilizando esta zona, comprender sus movimientos podría convertirse en un elemento fundamental para la planificación de la conservación.

En última instancia, la importancia de este avistamiento no radica sólo en el tiburón en sí, sino en lo que revela sobre lo poco que sabemos todavía. Más de 150 años después de los primeros registros, los científicos siguen sin estar seguros de dónde pasan la mayor parte de sus vidas los tiburones blancos del Mediterráneo, si todavía existen zonas de cría y cuántos individuos quedan.

Las recientes evidencias sugieren que la especie persiste en lugar de desaparecer. El avistamiento del ejemplar juvenil de Alicante en 2023 y el del estrecho de Sicilia indican que el Mediterráneo no está desprovisto de tiburones blancos, sino que se trata de una zona de baja densidad y escasa observación donde aún existe una población de larga data.

El desafío ahora ya no radica en demostrar su presencia, sino en proteger a un superdepredador en peligro crítico de extinción, mientras aún estamos descubriendo cómo utiliza su entorno. A medida que el cambio climático y la presión pesquera siguen transformando los ecosistemas marinos, los vestigios del Mediterráneo podrían ofrecer valiosas claves para el futuro de nuestros océanos.

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