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Hace una semana, un miércoles por la noche, los vecinos de Tianjin fueron testigos de un espectáculo digno del Apocalipsis. La ciudadanía de Tianjin vio como parte de su ciudad se transformaba en algo parecido a una zona de guerra, ya sea porque observaron desde las ventanas de sus apartamentos cómo llamaradas rojas y naranjas teñían el cielo de colores o porque pasaron la noche durmiendo para comprobar a la mañana siguiente que un humo negro cubría el cielo.