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Hay lugares, como Cripple Creek, donde el brillo fenicio del oro ha atraído la codicia del ser humano. Sin embargo, poca gente es consciente del oro disuelto que hay en el mar. El que fue el primer director del Instituto Nobel, Svante Arrhenius, fue uno de los primeros hacer una estimación de la cantidad de oro que había en el mar, allá por 1903.