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Eran la medianoche del 24 de marzo de 1989 cuando el Exxon Valdez, un buque monocasco, encallaba en el arrecife Bligh en la bahía del Príncipe Guillermo (Alaska). Una zona conocida por el riesgo de accidentes, pero ahí estaba el petrolero y para colmo con un capitán con problemas conocidos por la empresa. No fueron ni uno ni dos, sino ocho de los once tanques los que se rompieron y comenzaron a verter petróleo. ¡Once millones de barriles de petróleo crudo que afectaron a 1.300 millas de costa!

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