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La tradición dice que los pescadores de camarones a caballo de la costa belga tienen tal compenetración con sus potentes percherones de raza brabante que los quieren más que a sus mujeres. Son los últimos en el planeta que se meten en el mar para 'arar' la marea baja y sacar una cosecha de camarones grises cada vez más exigua. Antiguamente podían lograr hasta 80 o 90 kilos en una buena jornada. Ahora se conforman si se acercan a los diez kilos.
¿Qué es Háblame del Mar?

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