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Los pueblos del ártico no temen a la claustrofobia metiendo la cabeza debajo del hielo y encontrando valiosas fuentes de alimento.





En el Ártico canadiense este tipo de recolección es muy peligroso. Aquí los buscadores de mejillón arriesgan su vida atravesando el hielo marino hasta una bahía congelada cercana. Al encontrar las fisuras en el hielo causado por la extrema marea de primavera, bajan a las cavernas temporales que se forman en el propio hielo. Y por fin ven lo que están buscando: los frescos mejillones nutritivos que sólo están expuestos al aire en ésta época del año. Corriendo contra el tiempo, los colectores deben recoger la mayor cantidad posible antes de que suba la marea y las cavernas se inunden una vez más.