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Jorge Murillo se encontraba meditando y disfrutando de un momento de tranquilidad en la playa el sábado pasado cuando percibió un olor nauseabundo.



Frente a él, la marea había arrojado a las playas de Hollywood un amasijo de pescados en estado de pudrición, animales que quedaron atrapados en una red de pesca. Pero en el bulto algo se movía — un tiburón nodriza de alrededor de 5 pies de largo se arqueaba de cola a cabeza, intentado liberarse.