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A lo largo de la historia, muchas pequeñas islas fueron usadas como cárceles, debido a su aislamiento y las dificultades que entrañaba poder escapar de ellas. Con el paso del tiempo, esta práctica dejó de ser tan usual, de forma que, a la hora de hablar de este tipo de recintos, muchas personas no son capaces de nombrar otra isla prisión que no sea la archiconocida Alcatraz.