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I tot açò, qui ho paga? Esa expresión tan valenciana es la que le viene a uno a la cabeza al visitar el castillo de Peñíscola en una época en la que vivimos pendientes de primas de riesgo y deudas acumuladas. Una expresión similar, pero en lengua romance, debió de ser la que se plantearon los primeros visitantes que vieron erigir este castillo en tan solo once años, de 1294 a 1307, todo un récord si tenemos en cuenta que las catedrales de la época tardaban siglos en construirse. La duda se disipa pronto, tan solo una orden con el poder económico de los templarios era capaz de construir semejante castillo a orillas del mar. Lo triste fue que el año en que acabaron las obras fue el de las detenciones de muchos de estos caballeros y su ejecución en la hoguera. Finalmente, la orden fue disuelta por el Papa Clemente V en 1312.