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Si alguna vez se pudo hacer algo para impedirlo, ya es demasiado tarde. Ya no se trata de detener el cambio climático, sino de mitigar sus efectos y, ya que son inevitables, de que la especie humana se adapte a ellos. En el País Vasco, esta adaptación supone, sobre todo, asumir que el mar está ganando terreno a la tierra.