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Tras los experimentos científicos de la Marina de EE.UU. de hace dos años, el contraalmirante Nevin Carr aseguró que una potencia de 15 kilovatios, con los que se pudo destruir un bote inflable, no era suficiente en condiciones reales de combate, y que, por ejemplo, para derribar un misil de crucero será necesario una potencia de varios cientos de kilovatios.