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Si hubiese que hablar de un protagonista de la cumbre del clima de Varsovia, que concluyó la semana pasada sin grandes novedades, éste sería, sin duda, Yeb Sano, máximo representante de la delegación filipina. El recuerdo de su conmovedora intervención en la jornada inaugural, cuando suplicó, entre lágrimas, ayuda para los miles de compatriotas afectados por el paso del tifón Haiyan por su país, se mantuvo fresco durante toda la conferencia, en la que día tras día se vio cómo crecían los números del desastre: el cómputo, aún provisional, cifra en más de 4.000 el número de muertos, en 20.000 el de heridos y en casi 2.000 el de desaparecidos.