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El presidente de Filipinas Rodrigo Duterte ordenó a su ejército desplegar tropas a las islas deshabitadas en disputa en el Mar del Sur de China en un importante cambio de política ampliamente visto como un desafío a China.

“Parece que todo el mundo está haciendo una apropiación de las islas allí. Así que mejor vivimos en las que todavía están sin ocupar. Lo que es nuestro ahora, reivindicamos y haremos un punto fuerte a partir de ahí”, dijo Duterte. Dio un paso más allá comprometiéndose a izar personalmente la bandera de su país en la isla de Pag-Asa en el archipiélago de las islas Spratly el Día de la Independencia de Filipinas, 12 de junio.

“Están desocupadas, pero son nuestras, y vamos a vivir en ellas”, dijo Duterte con su manera desdeñosa que lo ha ganado notoriedad internacional. Dio su sorpresivo anuncio durante una visita a una base militar en Palawan.

Las declaraciones de Duterte, si las mantiene, podrían conducir a una escalada en la región, aunque China ya ha abierto la puerta a la militarización de atolones normalmente deshabitados con la construcción de pistas de aterrizaje, hangares y sistemas de defensa aérea en islas que reclama. Por otra parte, la abrupta decisión de Manila - tan sólo unos meses después de que se deshizo de Washington y se acercó a Pekín - complica una situación ya difícil para los Estados Unidos, que ha tratado de disuadir a China de ocupar más tierra en la región, pero que no quiere provocar un conflicto. Filipinas es un aliado militar de Estados Unidos desde hace mucho tiempo.