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La última vez que vimos los humedales en los titulares fue en relación con la captura en Bunawan en septiembre de 2011 de lo que más tarde sería certificado como el cocodrilo más grande del mundo en cautiverio. Nombrado Lolong, el reptil fue sacado de su hábitat natural, que se supone que es un santuario de vida silvestre, el pantano de Agusan, se mantuvo en un corral y se convirtió en una atracción turística. No en vano, el cocodrilo murió poco después, este mes hace casi un año.

El trágico destino de Lolong dramatiza la situación de los humedales del mundo, que han desaparecido en un estimado de un 64 por ciento desde 1900 a causa de las actividades de desarrollo humano. Con frecuencia considerados como terrenos baldíos, los pantanos, ciénagas, marismas y turberas juegan, de hecho, un papel importante en el mantenimiento de la biodiversidad, nutriendo la vida silvestre, templando el calentamiento global, controlabdo las inundaciones, la sequía y protegiendo las costas.

La importancia de los humedales se reconoció oficialmente el 2 de febrero de 1971, cuando la comunidad internacional adoptó una convención para preservar los humedales que quedan en el mundo, en una reunión en la ciudad iraní de Ramsar. La fecha ya es observada cada año como el Día Mundial de los Humedales. Para Filipinas, la Convención entró en vigor el 8 de noviembre de 1994.

Agusan Marsh, con una superficie tan grande como Metro Manila, es uno de los seis lugares en Filipinas incluidos en la Lista Ramsar de Humedales de Importancia Internacional. Los otros son el Parque Natural del Lago de Naujan Mindoro Oriental, el Santuario de Vida Silvestre de Isla Olango en Cebu, y el parque nacional del río subterráneo de Palawan y el parque marino de Tubbataha. La última incorporación, y posiblemente las más amenazada por la contaminación y las actividades humanas, se designó marzo 2013: el Hábitat crítico y Área de Ecoturismo de Las Piñas-Parañaque. Este es un humedal costero de 175 hectáreas en la bahía de Manila, visible desde la carretera costera, que ahora está repleto de aves y de vida marina que se refugian en un bosque de manglares.

Juntos, estos humedales protegidos cubren 154.409 hectáreas. Ellos son parte del patrimonio nacional filipino que debe ser preservado de las actividades humanas comerciales, industriales y similares.