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Las toxinas procedentes del estiércol y de los fertilizantes que se vierten en las vías fluviales están acentuando la inmensa y dañina proliferación de algas que crean tramos en los que falta oxígeno en el golfo, en los Grandes Lagos y en la Bahía de Chesapeake. Así lo indica un nuevo informe realizado por Mighty, un grupo medioambiental presidido por el excongresista Henry Waxman.