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Lo cuenta, en su nuevo libro, el marino y escritor Miguel Ángel Garat Ojeda, con la mirada puesta en la Guerra de la Independencia: es cierto que desde finales del siglo XVIII, la Armada Española (la que en Trafalgar recibiría, además, uno de sus golpes más terribles) había «ido perdiendo poco a poco la importancia y el respeto años antes le habían tenido las otras marinas». Mientras tanto, los británicos sabían muy bien que «si sus barcos podían navegar libremente por todos los mares, su nación sería libre y su comercio fructífero», por lo que no les importó afrontar la inversión necesaria para tener «unas marinas de guerra y mercante numerosas y potentes».