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La sopa de aleta de tiburón, un manjar digno de bodas y otros banquetes, puede considerarse una de las propuestas culinarias más sofisticadas de Asia, pero también de las más nocivas para el ecosistema marino. Como es obvio, para poder elaborar el consomé es necesario privar violentamente al escualo de su apéndice, lo que termina implicando un índice de mortalidad gravísimo para estas poblaciones, frágiles frente el riesgo de extinción. Tan alto como un 17% anual en el caso de los tiburones oceánicos de puntas blancas, según un estudio publicado en Conservation Biology que pone cifras por primera vez al peligroso declive de los escualos en el Pacífico.