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“Miedo, sí es miedo. Siempre que miramos al Océano, nos acordamos de cómo este mismo Océano se llevó a tanta gente. No se puede ni imaginar el miedo que tenemos ahora de sus aguas. No queremos ni acercarnos, nos trasladamos al Oeste, lejos del mar, a una pequeña casa que nos adjudicó el gobierno”, comenta Liguvariyal Daveed, una de las supervivientes que perdió a su madre, a su hijo y a dos nietos.