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“Yo sé que el agua llegó hasta aquí, pero es nuestra tierra, donde nacimos y trabajamos”, dice Paula Farías (28), al borde del camino costero de Iloca, Séptima Región. La mujer vive junto a su pareja, el pescador artesanal Benedicto Muñoz, y a sus dos hijos, en una vivienda tsunami-resistente que le acaba de entregar el gobierno, ubicada a 150 metros de un punto donde, tras el 27/F, el mar se desbordó y arrasó con todo. “Rezo para que no vuelva a ocurrir, pero aquí estamos felices”, agrega.