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Las continuas emisiones de dióxido de carbono resultado de la actividad industrial y humana llevan consigo un aumento de la concentración en la atmósfera de ese gas (CO2), habiendo pasado desde valores más o menos estables de 270 ppm en los últimos miles de años, previo a la revolución industrial que comienza a principios del siglo XIX, a los valores actuales de 380 ppm.