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Las fuertes lluvias traídas por el extremo de la cola de la tormenta tropical Fung-Wong (conocido en Filipinas como tifón Mario) han paralizado la capital Manila, obligando a decenas de miles de personas a huir de sus casas inundadas y bloqueando el tráfico.

Ayer por la mañana muchas zonas de la capital de Filipinas estaban bajo el agua, en particular en los distritos orientales poblados después de que un gran río se salió de su cauce; otras partes de la metrópoli y la región al norte también han reportado inundaciones generalizadas.




Por el momento, sin embargo, no hay reportes de muertos o heridos.

A pesar de un viento moderado, con un máximo del 65 km/h, la tormenta tropical Fung-Wong ha generado fuertes lluvias, derramando más de 268 mm de lluvia durante la noche, según ha confirmado el meteorólogo estatal. Esto significa que un volumen de agua igual al 76% del promedio mensual cayó en una sola noche.

Según las previsiones está aproximándose más lluvia de alta intensidad, especialmente en las zonas montañosas del noreste.

Las inundaciones han obligado a por lo menos 50 mil personas a abandonar sus hogares en la capital y sus alrededores. El gobierno ha cerrado las escuelas y enviado funcionarios que no participan en las operaciones de socorro a la oficina de gestión de emergencias; los mercados financieros también están cerrados.

Han sido cancelados 21 vuelos nacionales en el aeropuerto de Manila, seis rutas internacionales han sido desviadas a otros aeropuertos del país debido al mal tiempo.

Mientras tanto, hay un creciente descontento entre la población de que los fenómenos meteorológicos intensos también dan lugar a situaciones de emergencia: "Estoy furioso dice a la AFP Ghelynne del Rosario, un abogado de Manila, cada vez que hay lluvia fuerte es siempre la misma historia".

Un promedio de 20 tifones azota Filipinas cada año, resultando en cientos de muertes y el empeoramiento de las ya precarias condiciones de millones de pobres del país. En noviembre del año pasado, el súper tifón Haiyan (Yolanda en filipino) el más fuerte que jamás haya golpeado el archipiélago, dejó al menos 7.300 muertos o desaparecidos. Casi 11 millones de habitantes sufrieron daños, esparcidos entre 574 municipios y ciudades.