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Algunos lo encuentran una estampa costumbrista, pero otros se muestran directamente indignados. Cada verano, en la playa de Peñíscola se puede ver, desde primera hora de la mañana, una larga hilera de sillas y sombrillas vacías. Sus propietarios, en su mayoría, no están dándose un chapuzón ni paseando por la orilla, sino que se han limitado a poner estas pertenencias para reservar los mejores sitios y disfrutar de una posición privilegiada cuando lleguen las horas centrales de la mañana.