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Este es uno de los últimos lugares del planeta donde aún pueden avistarse grupos de ballenas sumergiéndose con sus crías, enormes cachalotes en busca de calamares gigantes, manadas de delfines saltando y al menos tres especies de los esquivos y desconocidos zifios que se alimentan a más de mil metros de profundidad.


Las prospecciones en busca de hidrocarburos podrían convertir el hogar de estas maravillosas criaturas marinas en un campo petrolífero, amenazado para siempre por los vertidos de crudo y el ruido, que haría imposible la vida para las ballenas y los delfines, auténticos sónares vivientes que utilizan los sonidos para comunicarse, orientarse, buscar alimento o regular sus ciclos reproductivos.