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Los científicos aseguran que las reservas pueden ayudar, tanto a los ecosistemas marinos como a las personas, a que se adapten a cinco impactos principales del cambio climático: la acidificación del océano; el aumento del nivel del mar; el aumento de la intensidad de las tormentas; los cambios en la distribución de las especies; y la disminución de la productividad y la disponibilidad de oxígeno.