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Cerca de un tercio del dióxido de carbono o CO2 emitido por vehículos, fábricas y otras fuentes es absorbido por los océanos. Las concentraciones del principal gas de invernadero en el mar están aumentando al doble del ritmo existente durante más de 800.000 años.



Y las consecuencias son potencialmente devastadoras. El aumento de CO2 altera el pH del océano, volviéndolo más ácido, lo que afecta a su vez la habilidad de los organismos marinos de formar sus esqueletos.