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Ah, el progreso. Desde hace dos siglos con la llegada de la Revolución Industrial, el mundo se ha llenado de avances tecnológicos de innovación increíbles, como por ejemplo: la máquina a vapor, el tren o el bunker banana. Pero ha habido otra cosa, mucho menos deseable que ha llenado a nuestro mundo en los pasados doscientos años: dos trillones de toneladas de dióxido de carbono es el resultado de todos los gases de fósiles que hemos quemado para darle energía a nuestros esfuerzos herculeanos. Un cuarto de ese gas ha sido absorbido por los océanos de la Tierra y la resultante acidificación del agua salada está amenazando a uno de los afrodisíacos más importantes de la humanidad: las ostras.