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A ojos de una civilización extraterrestre, los humanos podríamos pasar por criaturas que se comunican bajo el mar. El 99% de las comunicaciones entre continentes se producen en forma de pulsos de luz bajo el océano, a través de los 900.000 km de cables submarinos que rodean el planeta y llegan hasta los lugares más recónditos. Hay cables que cruzan desde Alemania a Corea del sur y de Reino Unido a Japón, y otros que conectan el Ártico o las remotas islas del Pacífico. Una infraestructura gigantesca que permite que hablemos en tiempo real de un extremo al otro del globo.