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Adam Walker
nadaba a través del Estrecho de Cook, en Nueva Zelanda; buscaba completar una ruta de 25 kilómetros este 22 de abril. 


En esas estaba el nadador de origen británico, cuando se dio cuenta de la presencia de un enorme tiburón blanco justo debajo de él. Walker conservó la calma y siguió braceando.


 


Para su fortuna un grupo de delfines se dieron cuenta de lo que ocurría y se acercaron hasta donde estaba Walker, lo rodearon y nadaron lentamente, al ritmo del humano, de esta manera lo protegieron de un posible ataque de tiburón.