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Los invertebrados carroñeros que comen huesos de ballenas muertas llevan microorganismos simbióticos que también colaboran en su descomposición. Ahora investigadores del CSIC van a estudiar el genoma y las enzimas de estos microorganismos para tratar de obtener sustancias que ayuden a poner el valor los residuos generados en las industrias cárnica y avícola.