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Episodios de 'derretimiento extremo' están acelerando la pérdida de hielo en el Ártico

glaciares de Groenlandia
Glaciares periféricos y lagos glaciares en el oeste de Groenlandia. Josep Bonsoms

Los últimos veranos en Groenlandia han sido testigos de algunos de los episodios más intensos jamás documentados

El paisaje ártico está cambiando a un ritmo sin precedentes. Además de la subida de las temperaturas, el cambio climático está provocando episodios de deshielo extremo, que se produce cuando la pérdida de hielo que antes tardaba semanas o meses se produce en tan solo unos días.

Estos eventos, cada vez más frecuentes, están alterando la dinámica normal de la pérdida de hielo. Están modificando profundamente el estado de la nieve y el hielo, los elementos más vulnerables del sistema climático polar.

La acumulación de nieve durante el invierno ya no compensa las pérdidas estivales. Este balance anual ha sido negativo durante décadas, pero los episodios extremos, que pueden durar días o semanas, provocan tasas de deshielo mucho más altas de lo habitual.

Estas son olas de calor que no se definen por la temperatura del aire, sino por las altas tasas de derretimiento que provocan la desaparición de la nieve y el hielo.

El Ártico se está derritiendo

Lo que antes era excepcional ahora ocurre con una regularidad cada vez mayor. Este patrón se observa en todo el Ártico, pero existen significativas diferencias regionales. Las tasas más altas de deshielo extremo se registran en el noroeste y el norte de Groenlandia, así como en las islas Ellesmere y Devon, en el Ártico canadiense. En cambio, el Ártico oriental —que incluye Islandia y el archipiélago ruso de Nueva Zembla— muestra aumentos menores.

Groenlandia ha sido la más gravemente afectada. Alberga la mayor reserva de hielo del hemisferio norte, que contiene suficiente agua para elevar el nivel del mar en más de siete metros, y su ubicación geográfica la hace especialmente sensible a los patrones atmosféricos que desencadenan derretimientos extremos.

Los últimos veranos en Groenlandia han sido testigos de algunos de los episodios más intensos jamás documentados: en julio de 2012, agosto de 2019 y agosto de 2021, más del 90% de su superficie estuvo simultáneamente en estado de derretimiento, superando en algunos casos los récords paleoclimáticos.

Glaciar de montaña

Imagen: Glaciar de montaña. Crédito: CC0 Public Domain

¿Por qué ocurren estos fenómenos extremos?

Estos episodios se desencadenan cuando el calentamiento general del Ártico se combina con patrones atmosféricos que pueden intensificar el deshielo. El aumento gradual de las temperaturas sienta las bases, pero son patrones climáticos específicos, como los prolongados anticiclones de bloqueo, los que convierten un verano caluroso en un fenómeno extremo.

Los anticiclones de bloqueo se producen cuando una zona de alta presión permanece estacionaria durante varios días, desviando los sistemas meteorológicos normales. Esto genera estabilidad atmosférica y cielos despejados, permitiendo que el aire cálido del sur eleve rápidamente las temperaturas superficiales.

En algunos casos, la llegada de masas de aire húmedo genera nubes cálidas que irradian calor hacia el hielo, acelerando aún más el derretimiento. Estos bloques se han vuelto más frecuentes y duraderos, lo que aumenta la probabilidad de que se repitan estos sistemas meteorológicos.

Cada episodio también deja una huella física en el suelo, ya que el derretimiento retira la nieve reciente y expone hielo más oscuro y menos reflectante. Esta disminución de la luz solar reflejada, conocida como albedo, intensifica la absorción de energía solar, provocando que el siguiente derretimiento actúe sobre una superficie más vulnerable. Esto genera un ciclo de retroalimentación que acelera la pérdida de masa y contribuye al rápido calentamiento que hoy caracteriza al Ártico.

Además, desde aproximadamente la década de 1990, el derretimiento estival se ha intensificado y se ha extendido a zonas de gran altitud que históricamente permanecían por debajo del punto de congelación durante todo el verano. Hoy en día, la isoterma (la línea que indica la altitud a la que la temperatura es de 0 °C) está subiendo cada vez más, desplazando la zona de fusión hacia las profundidades de los glaciares y reduciendo el tamaño de las áreas que antes actuaban como reservorios de acumulación.

costa de Groenlandia

Imagen: Vista aérea de una sección de la costa de Groenlandia. Marc Oliva. Proyectos NEOGREEN y PALEOGREEN, CC BY-SA

Las consecuencias del deshielo extremo

El deshielo extremo tiene efectos inmediatos en los glaciares, pero sus consecuencias se extienden más allá de las regiones polares. Localmente, reestructura la nieve, debilita la superficie del hielo y genera escorrentía que puede movilizar grandes volúmenes de agua en muy poco tiempo. Esta agua superficial acelera el derretimiento y termina fluyendo hacia el océano como una oleada concentrada de agua dulce.

A escala global, el impacto también es significativo. El Ártico actúa como un regulador climático clave, ya que su superficie blanca refleja gran cantidad de radiación solar. Cuando desaparece el hielo ártico, esa capacidad se reduce y la región absorbe más calor, lo que amplifica el calentamiento. Los fenómenos extremos intensifican este efecto al oscurecer la superficie y acelerar la pérdida de hielo.

Además, la afluencia de agua dulce al Atlántico Norte contribuye directamente a la subida del nivel del mar, altera la salinidad del océano y puede afectar a la Circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC), una corriente marina fundamental para la estabilidad climática en Europa y otras regiones.

El derretimiento extremo no es sólo un fenómeno polar: afecta a todo el planeta y conecta el destino del Ártico con el equilibrio ambiental global.

Este artículo de Josep Bonsoms, investigador postdoctoral y profesor de la Universitat de Barcelona, se republica desde The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lee el artículo original en ingles: ‘Extreme melting’ episodes are accelerating ice loss in the Arctic.

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