Estos pulsos de agua cálida suelen durar solo unos días, pero su impacto es inmenso
En las profundidades de la superficie cristalina de los océanos, se despliega un fascinante y a la vez amenazador espectáculo. En las silenciosas y oscuras profundidades, inaccesibles para los humanos, se forman constantemente corrientes arremolinadas de impresionante tamaño.
Algunos de ellos, con diámetros que van desde uno hasta diez kilómetros, tienen un impacto directo en el destino de los glaciares más grandes y expuestos de la Antártida.
Un equipo de investigación dirigido por Mattia Poinelli en la Universidad de California ha demostrado la verdadera importancia de estos remolinos de agua errantes. En su estudio los investigadores simulan cómo estos remolinos penetran bajo las plataformas de hielo flotantes de los glaciares Pine Island y Thwaites. De este modo, transportan agua cálida y profunda precisamente a las zonas donde tiene mayor impacto, es decir, a la sensible parte inferior de la plataforma de hielo.
Imagen: Estos mapas muestran la ubicación del glaciar Thwaites, encajado entre la capa de hielo de la Antártida Occidental y el mar de Amundsen. (Imagen: NASA)
Estos pulsos de agua cálida suelen durar solo unos días, pero su impacto es inmenso. Las simulaciones muestran que los remolinos son responsables de aproximadamente una quinta parte de la pérdida anual de deshielo del glaciar Thwaites, al que se le conoce repetidamente como el "Glaciar del Juicio Final" debido a su inestabilidad.
Particularmente preocupante es el ciclo de retroalimentación sugerido por los modelos: a medida que los remolinos derriten más hielo, el agua de deshielo resultante altera la estratificación del océano. Esta estratificación alterada favorece la formación de nuevos remolinos, que a su vez transportan aún más agua caliente hacia el hielo.
Imagen: El gráfico muestra cómo el agua caliente socava el glaciar y provoca su derretimiento. (Gráfico: AntarcticGlaciers.org)
Poinelli dijo que él y sus colegas identificaron un circuito de retroalimentación positiva entre el movimiento a submesoescala y el derretimiento inducido por el océano: un mayor derretimiento de las plataformas de hielo genera más turbulencia oceánica, lo que a su vez provoca un mayor derretimiento de las plataformas de hielo.
"La actividad submesoescalar dentro de la cavidad de hielo actúa tanto como causa como consecuencia del derretimiento submarino", explicó. "El derretimiento crea frentes de agua de deshielo inestables que intensifican estas características oceánicas tormentosas, las cuales a su vez impulsan aún más el derretimiento mediante flujos de calor verticales ascendentes".
Imagen derecha: Esta imagen muestra partes de los glaciares Pine Island y Thwaites en la Antártida Occidental. Dado el retroceso irreversible del glaciar Pine Island, la misión Sentinel-1 es una excelente herramienta para monitorear estos glaciares e icebergs. (Foto: 13 de abril de 2014, Sentinel-1A)
A pesar de estos alarmantes hallazgos, aún queda mucha incertidumbre. El espacio entre el hielo y el lecho marino es inaccesible para los buques de investigación, y las mediciones directas son extremadamente difíciles. Aún no está claro si las simulaciones representan adecuadamente la realidad. Hay muy pocas observaciones del océano bajo el hielo. Sin embargo, algunos datos obtenidos mediante sondas coinciden con el modelo.
Lo que está quedando claro es esto: los remolinos submarinos son mucho más que fenómenos oceánicos fugaces. Influyen en los ecosistemas, regulan el transporte de energía y calor, y desempeñan un papel crucial en la velocidad del derretimiento de los glaciares antárticos.
La investigación en este campo aún se encuentra en sus primeras etapas. Pero cuanto mejor comprendamos estas fuerzas ocultas, con mayor precisión podremos predecir cómo evolucionará el destino de la Antártida y, por ende, el nivel global del mar en las próximas décadas.
La investigación se ha publicado en Nature Geoscience: Weather-like ocean processes modulate Antarctic ice-shelf melting













