updated 1:55 AM CET, Dec 5, 2016

El mar se elevó 15 cm en el Océano Ártico a causa del agua dulce

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abombamiento de la superfice marina del Ártico

Los satélites de la ESA detectan mucha abundancia de agua dulce en el Ártico

Los fuertes vientos aceleran la circulación oceánica del giro de Beaufort

Satélites de la ESA han mostrado que una gran cúpula de agua dulce se ha ido acumulando en el Océano Ártico en los últimos 15 años. Un cambio en la dirección del viento podría hacer que el agua se derrame en el Atlántico norte, enfriando Europa. Los resultados son notables: desde el año 2002, la superficie del mar en la zona estudiada se ha incrementado en cerca de 15 cm, y el volumen de agua dulce se ha incrementado en alrededor de 8.000 kilómetros cúbicos - aproximadamente el 10% de toda el agua dulce en el Océano Ártico.

Los investigadores del Centro de Observación y Modelización Polar (CPOM) en el University College de Londres y el Centro Oceanográfico Nacional del Reino Unido utilizaron los datos de los satélites de la ESA ERS-2 y Envisat para medir la altura de la superficie en el Ártico occidental desde 1995 hasta 2010.

Los resultados fueron publicados el día 22 en la versión online de la revista científica Nature Geoscience: "Western Arctic Ocean freshwater storage increased by wind-driven spin-up of the Beaufort Gyre".

Los científicos concluyen que la cúpula podría ser el resultado de los fuertes vientos del Ártico que aceleran la circulación de gran dimensión de los océanos conocida como el Giro de Beaufort, haciendo que la superficie del mar se abombe.

altimetría de radar por satélite del ÁrticoUn cambio en la dirección del viento podría hacer que el agua dulce se derrame en el resto del océano Ártico y llegase al Atlántico Norte.

Esto podría frenar una corriente oceánica clave, derivada de la Corriente del Golfo, y, posteriormente, enfriar Europa.

Esta corriente mantiene el continente relativamente cálido en comparación a otras áreas en latitudes similares.

"Cuando nos fijamos en los datos sobre una base año a año, nos dimos cuenta de que los cambios en la altura de la superficie del mar no siempre siguieron lo que estaba haciendo el viento, así que pensamos acerca de las razones por qué esto podría suceder", dijo Katharine Giles, investigadora del CPOM y autora principal del estudio.

"Una idea es que el hielo del mar forma una barrera entre la atmósfera y el océano. Así cuando cambia la cobertura de hielo marino, el efecto del viento sobre el océano también puede cambiar. Nuestro siguiente paso es investigar con más detalle cómo podrían afectar los cambios en la capa de hielo marino al acoplamiento entre la atmósfera y el océano para ver si podemos confirmar esta idea".

El hielo del mar se puede medir por diferentes tipos de datos por satélite. Altímetros de radar de los satélites como los dos utilizados en el estudio, Envisat y ERS-2, pueden ser particularmente útiles cuando se observan zonas de difícil acceso como el Ártico.

mosaico del Envisat de la extensión del hielo marino del ÁrticoEnvisat es el satélite de observación de la Tierra más grande jamás construido, hará 10 años en órbita en marzo.

El ERS-2 fue retirado en julio de 2011, pero sus 20 años de datos, y el predecesor ERS-1, sobre los océanos, la tierra, el hielo y la atmósfera, continuarán siendo utilizados por los científicos durante los próximos años.

"Hemos sido capaces de producir los resultados del Giro de Beaufort gracias a la superposición de las misiones ERS-2 y Envisat y la disponibilidad a largo plazo de datos de satélite", dijo Seymour Laxon, director del CPOM y co-autor del artículo.

ESA seguirá de cerca el Ártico con la serie Sentinel de futuros de satélites de observación terrestre para el programa Europe’s Global Monitoring for Environment and Security (GMES).

A finales de este año serán presentados los primeros resultados de los cambios estacionales en el espesor del hielo marino a partir de los datos adquiridos por el satélite CryoSat-2 de la ESA.

Créditos multimedia: CPOM/UCL/ESA/Planetary Visions

Ver también: Escorrentías de ríos rusos endulzan el Océano Ártico canadiense