updated 4:02 PM CET, Dec 6, 2016

Echar hierro al Mar no solucionará el cambio climático

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Conclusiones del Experimento Lohafex

Los crustáceos más grandes se comieron a los pequeños

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La esperanza de que verter hierro en el mar sea un medio de lucha contra el cambio climático ha disminuido tras conocerse los resultados preliminares del experimento germano-indio Lohafex (loha en Hindi significa hierro).

Científicos de varios países liderados por los Drs. W. Naqvi (NIO, Goa, India) y V. Smetacek (AWI, Bremerhaven, Alemania) llevaron a cabo este experimento de fertilización con hierro llamado LOHAFEX  usando el rompe­hielos alemán B/C “Polarstern” entre enero y marzo de 2009 en aguas Antárticas (ver: Fertilización del Océano: Experimento LOHAFEX ).



El equipo de científicos compuesto por 32 investigadores de India, 11 de Alemania y 10 de otros países como Italia, Espańa, Chile, Francia, Inglaterra y Estados Unidos, vertieron a partir de febrero veinte toneladas de polvo de hierro en 300 kilómetros cuadrados del Atlántico sur, en el centro de un remolino, y estudiaron las consecuencias durante 39 días.

El experimento LOHAFEX intentaba estimular el rápido crecimiento del fitoplancton en ese área de 300 km2 fertilizándola con 20 toneladas de sulfato de hierro disuelto, y estudiar durante dos meses y medio los efectos del crecimiento masivo de microalgas sobre el intercambio de CO2 entre el océano y la atmósfera, así como sobre la estructura y relaciones tróficas de ambientes pelágicos y bentónicos.

Los resultados del experimento eran de gran interés para ecólogos y geoquímicos marinos debido a que el fitoplancton no solo provee el alimento que mantiene la vida en el océano si no que también juega un papel clave en la regulación de las concentraciones del gas invernadero CO2 en la atmósfera.

Había razones para creer que la fertilización de la Antártida con cantidades traza de hierro podría ayudar a transferir el CO2, que actualmente se ha acumulado en una alta tasa en la atmósfera, al océano profundo por algunos siglos.

Otro de los objetivos era estudiar el efecto de la fertilización sobre el zooplancton, en particular el krill, el cual es un elemento clave en la trama trófica Antártica. La biomasa de krill ha declinado más de 80% durante las últimas décadas, y su respuesta al incremento de productividad determinada por la fertilización, indicaría si esta sostenida declinación es debida a la evidente disminución de la productividad de la zona.

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Por tanto, la fertilización con hierro de lugares habitados por krill, podría ayudar a incrementar su biomasa hacia valores antes reportados y facilitar también la recuperación de las diezmadas poblaciones de ballenas.

Efectivamente, los científicos comprobaron que la fertilización marina con hierro estimuló el crecimiento del fitoplancton (algas diminutas) y por tanto el CO2 que absorbe. Sin embargo, atrajo también a diminutos crustáceos (zooplancton, krill) que se comieron casi todo el exceso producido.

El resultado fue que la transferencia de C02 hacia el fondo del mar fue mucho menor que en experimentos anteriores.


Estos experimentos anteriores han mostrado que la fertilización de un parche de la superficie del océano Antártico, produce un rápido crecimiento del fitoplancton, el cual, mediante la fotosíntesis, convierte cantidades sustanciales del CO2  disuelto en el agua en biomasa de fitoplancton.

La disminución de CO2 en la capa superficial, causada por la conversión a biomasa fitoplanctónica, es compensada por la entrada desde la atmósfera hasta alcanzar nuevamente el equilibrio. La biomasa fitoplanctónica consumida y respirada por el zooplancton y los microorganismos en la superficie del océano, es devuelta a la atmósfera en períodos de semanas a meses, pero el carbono almacenado en partículas orgánicas, en forma de agregados de fito­detritus y pellet fecales del zooplancton que se sedimentan hasta el océano profundo, es secuestrado de su intercambio con la atmósfera por centurias.

ciclo del carbono
Sin embargo, el destino del carbono fitoplanctónico generado, no había podido ser adecuadamente estudiado en  experimentos anteriores. Calculaban los científicos que si la Antártica completa (50 millones km2 ) pudiera ser fertilizada y una fracción de la biomasa fitoplanctónica, equivalente a 20 gr/Cm­2, se hundiera hasta 1.000 m de profundidad, alrededor de 1 billón de toneladas de carbono (1 Gt) por ańo podría ser secuestrada por varios siglos.

LOHAFEX es el primero de una nueva generación de experimentos de fertilización con hierro dirigidos a investigar y aminorar los efectos dańinos del cambio climático global.


La razón de los malos resultados del experimento, ha explicado Victor Smetacek, del Instituto Alfred Wegener en Bremerhave y codirector de la expedición, es que las algas más comunes en esta área no son resistentes a los crustáceos.

Al inicio los investigadores pudieron presenciar un dramático aumento en el crecimiento de algas.

Pero a las dos semanas, éstas fueron consumidas por pequeñas criaturas llamadas copépodos -unos crustáceos muy pequeños que crecen de forma abundante en el agua.

multinet, equipo"Teníamos la esperanza de que con este método podríamos retirar el exceso de dióxido de carbono de la atmósfera". Se trataba de regresar el CO2 a su lugar de origen porque, en cierta forma, el petróleo que usamos originalmente estuvo hecho de algas. Pero nuestros resultados muestran que la absorción de CO2 es muy pequeña, casi insignificante", agregó Wegener .

Los científicos, sin embargo, no contaban con el "hambre" de los copépodos que consumieron algas y que a su vez fueron consumidos por anfípodos, un tipo más grande de crustáceo.

Esto provocó una absorción mucho menor de dióxido de carbono que la que esperaban los científicos.

Un problema clave parece ser el tipo de alga que crece en respuesta al hierro adicional.

Otros experimentos han encontrado con el hierro un crecimiento abundante de diatomeas -un tipo de alga con una capa protectora de sílice (dióxido de silicio hidratado).

Pero en la zona del proyecto Lohafex, la población de diatomeas no aumentó debido a que el agua de la región mostraba una reducción de ácido silícico, la sustancia que posteriormente se convierte en sílice.

diatomeas
Algunos científicos creen que la fertilización con hierro es una teoría equivocada porque la falta de hierro no es siempre el factor que limita el crecimiento.

Y estos resultados, dicen, apoyan esta afirmación.

Pero otros investigadores, como Kenneth Coale -director de los Laboratorios Marinos Moss Landing, en California y quien ha llevado a cabo varios experimentos de fertilización de hierro- creen que el estallido inicial de fitoplancton indica que la teoría es viable.



Dijo a la BBC que: "Hasta ahora hemos llevado a cabo experimentos que en total han cubierto el 0,04% de la superficie oceánica. Todos han indicado que el hierro es el factor clave que controla el crecimiento de fitoplancton, y muchos experimentos han demostrado que hay un flujo de carbono hacia el suelo marino, pero éste último es la excepción".

El objetivo ahora, dice, es entender mejor los varios ecosistemas que se encuentran en el océano para que la fertilización se lleve a cabo en zonas que contienen los tipos "correctos" de organismos.

El proyecto Lohafex fue muy controvertido desde el principio.

La organización ecologista Greenpeace pidió detenerlo porque dijo, era peligroso.

océano envenenado
Según el grupo desechar limaduras de hierro en el mar es contaminante y está prohibido según los acuerdos internacionales, incluida la Convención de la ONU sobre Diversidad Biológica.

"Hay dos cosas que nos preocupan" dijo a la BBC David Santillo, científico de Greenpeace.

"Una es el impacto directo de estos experimentos, ya que cada vez se llevan a cabo en zonas más grandes con un impacto cada vez mayor".

"Pero la segunda y más importante, es que si vamos a perseguir este método como una estrategia de mitigación climática deberíamos analizar cuál será el impacto de manipular el océano a una escala enorme y cuáles serán los efectos potencialmente irreversibles en los ecosistemas", agrega.

A pesar de estas preocupaciones, la compañía comercial Climos planea llevar a cabo un experimento mucho más grande que cubrirá 40.000 kilómetros cuadrados de océano.


Y si demuestra que la técnica para capturar grandes cantidades de gases de efecto invernadero funciona, recibirá eventualmente fondos del mercado de intercambio global de emisiones de carbono.

Enlaces:     Experimento Lohafex        Climos