Confirman la presencia de radionúclidos con niveles de actividad superiores a los esperados en esta zona
Entre 1950 y 1990 más de 200.000 barriles llenos de residuos radiactivos fueron vertidos en las profundidades del Atlántico nororiental.
Tras una misión inicial llevada a cabo entre el 15 de junio y el 11 de julio de 2025 para cartografiar la zona donde se vertieron los barriles, el proyecto Nodssum, liderado por el CNRS, zarpó de nuevo a finales de mayo de 2026. El objetivo era explorar las zonas de interés identificadas durante la primera campaña.
Liderada por el CNRS, en colaboración con un equipo de Ifremer, la ASNR y varios socios nacionales e internacionales, esta campaña tiene como objetivo comprender mejor las interacciones entre los 200.000 bidones de residuos radiactivos que han sido sumergidos y los ecosistemas de aguas profundas.
Durante esta segunda misión, que tuvo lugar del 27 de mayo al 28 de junio de 2026, unos 30 científicos estuvieron a bordo del Pourquoi Pas? El sumergible tripulado Nautile, que forma parte de la Flota Oceanográfica Francesa, realizó 20 inmersiones a profundidades de más de 4.700 metros (unos 15.420 pies), lo que permitió la observación directa de varios barriles y sus alrededores inmediatos.
Imagen derecha: Ubicación de las áreas en la llanura abisal del Atlántico Nororiental donde se depositaron los bidones radiactivos (NEA n.° 3 y n.° 4) en aguas internacionales (arriba). El mapa detallado (abajo) muestra la batimetría disponible, así como la ubicación de los 6 bidones (cruces rojas) identificados por el sumergible Epaulard durante las inmersiones de 1985. Crédito: EPICEA du CEA/IPSN et IFREMER
Las observaciones realizadas con el Nautile y otros instrumentos desplegados desde el buque, junto con las muestras recogidas, proporcionan nuevos datos sobre estos residuos sumergidos. En concreto, los científicos pudieron documentar el avanzado estado de deterioro de varios barriles, observar que algunos de ellos habían derramado su contenido e identificar los distintos materiales utilizados para encapsular los residuos (resina, betún o cemento).
Las mediciones realizadas in situ confirman la presencia de radionúclidos característicos de estos residuos, con niveles de actividad superiores a los esperados en esta zona. Los análisis de laboratorio permitirán cuantificar con precisión estos radionúclidos y posiblemente identificar otros.
En cualquier caso, las mediciones realizadas durante la misión indican niveles de actividad que se mantienen bajos, lo que permite manipular las muestras sin mayores restricciones en materia de protección radiológica.
Al mismo tiempo, se recogieron muestras de agua, sedimentos y organismos vivos con el fin de estudiar los mecanismos de dispersión y transferencia de la radiactividad en el medio ambiente. Los equipos también documentaron y cartografiaron la biodiversidad presente en los barriles, en sus inmediaciones y en los hábitats circundantes, al tiempo que recabaron nuevas observaciones que podrían ayudar a identificar el origen de ciertos barriles.
El análisis de las muestras recogidas y las imágenes capturadas continuará en tierra, en el laboratorio, durante los próximos meses. El objetivo es comprender mejor los mecanismos que rigen la transferencia y el transporte de radionúclidos en las profundidades oceánicas, así como sus interacciones con los ecosistemas abisales.











