Estudio cuestiona las actuales estrategias de restauración para el Mar Menor
Más del 90% de los nutrientes clave que degradan el Mar Menor, como el amonio, el fósforo y la sílice, no provienen de arroyos ni de aguas subterráneas continentales, sino que se producen a través de un mecanismo que hasta ahora se ha pasado por alto: el agua de la propia laguna se infiltra en los sedimentos y vuelve a emerger cargada de nutrientes que se han acumulado a lo largo de los años.
Esta es la conclusión de un reciente estudio realizado por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB), España, que cuestiona las actuales estrategias de restauración para el Mar Menor porque no tienen en cuenta esta vía de contaminación.
El Mar Menor, una laguna costera en el sureste de España, es un paradigmático ejemplo del impacto ambiental de las actividades humanas. Este emblemático ecosistema, otrora conocido como destino turístico, ahora es conocido por su degradación ecológica.
Desde 2016, la laguna más grande del Mediterráneo occidental ha experimentado varios episodios de eutrofización, un proceso de aumento de la productividad primaria que agota el oxígeno en el agua y puede causar una mortalidad masiva de especies, como la conocida mortandad de peces de 2019.
Tradicionalmente, la mayor parte de la contaminación se ha atribuido a los fertilizantes agrícolas ricos en fosfatos y nitratos, que llegan al Mar Menor a través del arroyo Albujón, el único curso de agua superficial que desemboca en la laguna. Sin embargo, este nuevo estudio revela que la situación es incompleta.
Imagen: Diagrama conceptual de los aportes de nutrientes y los procesos biogeoquímicos asociados a lo largo de cada vía de descarga de agua subterránea. Crédito: Limnology and Oceanography (2026). DOI: 10.1002/lno.70371
La investigación utilizó isótopos de radio para rastrear los diferentes tipos de agua subterránea que ingresan a la laguna y, por primera vez, para cuantificar tres procesos principales de descarga de agua subterránea: descarga de agua subterránea dulce, originada principalmente por la infiltración de agua de riego; la recirculación continua del agua salina de la laguna a través del acuífero; y el intercambio de agua intersticial, un proceso que ocurre en el fondo de la laguna en el que el agua recircula rápidamente a través de los centímetros superiores de los sedimentos.
Los resultados demuestran que estos dos últimos procesos, previamente pasados por alto, son la fuente dominante de amonio, nitrógeno orgánico disuelto, fósforo inorgánico disuelto y sílice disuelta en el Mar Menor.
Este proceso se produce en dos diferentes escalas temporales: a gran escala, el agua puede permanecer dentro de los sedimentos durante meses o años, debido a las fluctuaciones en los niveles de agua de la laguna, la circulación impulsada por la densidad y la acción de las olas; a pequeña escala, el agua circula durante horas o días, principalmente debido al bombeo de las olas y la actividad de los organismos que remueven los sedimentos.
En ambos casos, el agua actúa como un vector que recoge y transporta a la laguna los nutrientes acumulados en los sedimentos durante décadas de contaminación agrícola y minera.
Imagen: Arrastres de sedimentos, desde la Sierra Minera, en la desembocadura de la Rambla del Beal al Mar Menor. Figuras más pequeñas: instalaciones mineras abandonadas y depósito de estériles mineros.
Las conclusiones son especialmente relevantes para comprender por qué el Mar Menor sigue siendo vulnerable a los episodios de eutrofización incluso cuando se toman medidas contra las fuentes de contaminación más visibles. Los sedimentos de la laguna han acumulado materia orgánica, nitrógeno y fósforo a lo largo de muchos años, lo que significa que esta vía subterránea redistribuye continuamente esa carga de nutrientes en la columna de agua.
El estudio también revela que, en verano, la recirculación a pequeña escala incrementa significativamente los aportes de fósforo, un elemento clave para el crecimiento del fitoplancton. Este aumento estacional incrementa el riesgo de proliferación de algas y episodios de hipoxia, dos de los síntomas más graves de la degradación ecológica del Mar Menor.
Los resultados tienen directas y urgentes implicaciones para la gestión ambiental de la laguna.
Actualmente, el Marco de Acciones Prioritarias para la Restauración del Mar Menor incluye medidas destinadas a recuperar los ecosistemas circundantes y restaurar los cauces naturales de los arroyos, pero no incluye ninguna medida específica para limitar los aportes de nutrientes a través de las aguas subterráneas que circulan dentro de los sedimentos de la propia laguna.
Según los investigadores, incorporar esta vía a las estrategias de restauración será esencial para mejorar su eficacia.
La investigación ha sido publicada en la revista Limnology and Oceanography: Recirculated submarine groundwater discharge dominates nutrient inputs and enhances eutrophication risk in a coastal lagoon













