updated 9:20 PM CEST, Sep 30, 2016

Tsunami en Nueva Zelanda ¿Traerá nuevos tsunamis el cambio climático?

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tsunami en una playa

¿Es posible un tsunami en el Mediterráneo?

Un equipo español ha estudiado los valores extremos del nivel del mar durante casi 100 años

El nivel de mar tiene tres componentes: el nivel medio del agua, la marea y el debido a las condiciones meteorológicas

maremotoInvestigadores de Cantabria desarrollan modelos perfeccionados de los fenómenos extremos marinos. Servirán para calcular las consecuencias del cambio climático en Latinoamérica

En la zona costera cercana a Bilbao y en Gijón las olas pueden superar los siete metros (sólo entre diciembre y enero), y en A Coruña los ocho metros, de octubre a abril. En Cádiz se limitan a los seis metros de altura (también entre diciembre y enero), y en Valencia las olas sólo alcanzan como mucho entre 3 y 3,5 metros desde septiembre hasta abril, con dos picos (en el inicio de la primavera y durante el fenómeno de la gota fría).

Estos datos son los obtenidos por un equipo de la Universidad de Cantabria en un trabajo que les ha servido para demostrar la validez de la metodología estadística que han desarrollado y que están aplicando ahora a otros parámetros, como la subida extrema del nivel de mar, a tener muy en cuenta en un contexto de cambio climático. ¿Cuál es la probabilidad de que una ola gigante, un viento huracanado o una subida extrema del nivel del mar afecte, quizá desastrosamente, un pantalán de combustible, un paseo marítimo o una turbina eólica marina? ¿Y cómo se enmarca esta probabilidad en el cambio global actual que supone, según todos los cálculos, un aumento del nivel del mar? Para preguntas como éstas no hay respuestas fáciles, e intentar encontrarlas está dando lugar al desarrollo de modelos estadísticos que se centran en los fenómenos meteorológicos extremos.

El equipo del nuevo Instituto de Hidráulica Ambiental de la Universidad de Cantabria es puntero en este campo. "Cualquiera que observe las olas se da cuenta de que su altura no es igual en invierno que en verano, varía a lo largo del año, y lo que hemos hecho es aplicar un modelo estadístico no estacionario para cuantificar eventos extremos como éstos", explica Fernando J. Méndez, ingeniero y miembro del equipo.

olas en San Sebastian"El análisis de los valores extremos es más difícil que el de las condiciones medias", comenta la oceanógrafa Melisa Menéndez desde Liverpool, donde está trabajando temporalmente en el Laboratorio Oceanográfico Proudman. "Hay menos información, ya que en todo un año puede que no se hayan dado eventos extremos, y los eventos extremos necesitan de un análisis estadístico especial, que dé resultados más rigurosos y con menos incertidumbre que los disponibles hasta ahora".

Algo deben de estar haciendo bien Méndez, Menéndez y sus colegas, dirigidos por íñigo J. Losada, cuando sus trabajos se están publicando en revistas como Coastal Engineering, Geophysical Research Letters y el ICES Journal of Marine Science.

"Hemos creado una metodología original para estudiar valores extremos en las variables ambientales oceanográficas, como el nivel del mar, la altura de las olas, el viento", reconoce Menéndez. "Si no, no publicaríamos", remacha. Su trabajo se enmarca en el auge de la climatología en un marco de cambio global, disciplina que en los últimos 10 años se ha desarrollado mucho ante las variaciones sustanciales previstas asociadas al cambio climático.

El nuevo modelo del régimen extremo de oleaje tiene en cuenta las variaciones estacionales, a lo largo del año. Da lo que se llama "altura de ola significante" o representativa (se calcula sobre las olas más altas), asociada a un periodo de retorno (el tiempo que tarda en reproducirse) de 20 años. Hasta ahora no se habían cuantificado estos extremos.

El equipo también ha estudiado los valores extremos del nivel del mar durante casi 100 años, basándose en los datos recogidos durante el siglo XX en un mareógrafo situado frente a Newlyn (Reino Unido). De ahí pasan a predecir la probabilidad de que se den ciertos valores extremos del nivel del mar. éste tiene tres componentes en cada momento: el nivel medio del mar, la marea y el residuo meteorológico (asociado al tiempo, al viento, la presión atmosférica, etcétera).

Revisar los datos del pasado permite refinar y validar los modelos de predicción. Si valen para predecir lo que pasó, también valdrán para predecir lo que pasará. Cuanto mayor sea el tiempo del que se dispongan datos se puede predecir con menos incertidumbre. Para predicciones a un año puede valer con tener buenos datos de cinco años, pero para predicciones a 10 años hacen falta datos de 100 años, explican estos expertos.

tsunami 2004 contra las palmeras"Todos estos datos son de vital importancia en los ámbitos de la gestión costera, ya que definen el riesgo de inundación y son indispensables en el diseño de obras marítimas, como las infraestructuras que se construyen cerca de la costa", recuerda Menéndez.

El equipo lleva ya cuatro años trabajando en proyectos financiados en parte por la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo, en el marco del esfuerzo de la Unesco por conocer cómo afectará el cambio climático a las costas de todo el mundo. La aplicación de sus modelos, cuando estén totalmente desarrollados, se centrará especialmente en el litoral de Latinoamérica.

¿Un tsunami en el Mediterráneo?

El tsunami del 26 de diciembre de 2004 conmocionó al mundo. Se cobró la vida de más de 225.000 personas de 11 países y recordó al ser humano la capacidad de destrucción de la naturaleza. Este fenómeno horrorizó también a los europeos, especialmente a quienes residen en zonas litorales, a quienes inquietó la duda de si podrían sufrir lo mismo en carne propia. La respuesta la dió un estudio, publicado en Nature Geoscience, que analizó la tectónica de placas del lecho marino mediterráneo, y en el que se sugiere que Europa podría enfrentarse a un tsunami mucho antes de lo que se pensaba.


Para quienes viven en la cuenca mediterránea los terremotos son un fenómeno habitual. De hecho, el llamado "arco heleno" es considerado por muchos sismólogos la región sísmica más activa de la zona de transición que hay entre las placas de áfrica y Eurasia. Los terremotos se producen cuando estas placas tectónicas chocan o se rozan.

Gracias a historiadores antiguos se dispone de documentación del último tsunami que azotó la región mediterránea, el 21 de julio del año 365 de nuestra era. Uno de esos historiadores fue Amiano Marcelino, quien relató lo visto cuando aquel tsunami golpeó la ciudad porteña de Alejandría. Este tsunami fue tan fuerte y devastador que ahogó a miles de personas y destruyó ciudades desde el delta del Nilo en Egipto hasta Croacia, en la costa del Mar Adriático.

Hasta ahora, sin embargo, no se sabía con seguridad la localización precisa y las condiciones tectónicas de este terremoto. La localización del seísmo es importante porque puede ayudar a los sismólogos a predecir de forma aproximada cuándo se producirá el siguiente seísmo. Gracias a indicios nuevos basados en datos de radiocarbono y observaciones de campo del día del tsunami, puede localizarse el epicentro del seísmo. Según observaciones sobre el terreno, el oeste de Creta se levantó hasta diez metros por encima del nivel del mar. Si se combina la distribución de la elevación con datos modernos sobre sismicidad, hay indicios de que el terremoto no se produjo en la zona de subducción que hay debajo de Creta, sino en una falla que desciende a unos 30 grados dentro de la placa superior.

ficción de un tsunami contra casas
Una subducción es donde se juntan dos de las placas de la Tierra; una placa se monta sobre la otra, la cual se desliza hacia abajo con cierta inclinación hacia el manto del planeta. Las zonas de subducción suelen experimentar un desplazamiento mensurable de unos pocos centímetros al año. A medida que la roca se deforma y se hace quebradiza a mayores profundidades, estas zonas pueden generar temblores titánicos que desplazan tanta tierra que, si el deslizamiento se produce en el fondo marino, se produce una ola asesina.

Tras medir el acortamiento de la corteza de la placa en las proximidades de Creta, algunos sismólogos calcularon que el tsunami del año 365 se repetiría unos 5.000 años después. Sin embargo, si los nuevos datos son correctos y la localización del terremoto anterior es la zona de subducción helena, el período de repetición de terremotos fuertes estaría más próximo a los 800 años. Hasta ahora se pensaba que el terremoto del año 365 se debió a la zona de subducción subyacente a Creta, y a una falla en la placa de encima.

La profesora Beth Saw, de la Universidad de Cambridge, reconstruyó la elevación sísmica del año 365 y la propagación del tsunami resultante a partir de datos de radiocarbono, observaciones sobre el terreno y simulaciones con un modelo.

El último tsunami registrado en el este del Mediterráneo se produjo el 8 de agosto de 1303, y se cree que se originó cerca de la costa de Rodas. Esto indica que la zona de subducción helena puede suponer un peligro de tsunami para el este del Mediterráneo. Y, si el análisis es correcto, puede esperarse otro terremoto de la escala del ocurrido en el año 365 mucho antes de lo que se pensaba.

A efectos de definición, tsunamis (del japonés tsu: puerto, bahía; nami: ola) se entiende como una ola o series de olas que se producen en la masa de agua al ser empujada violentamente por una fuerza que se desplaza verticalmente (término adoptado en el congreso de 1963 sobre estos fenómenos, UNESCO/OIT).

Los tsunamis no deben ser confundidos por lo tanto, con marejadas, maremotos, ondas sísmicas u otros términos que han quedado obsoletos, y que no definen adecuadamente el fenómeno estudiado. El primero de estos términos implica un movimiento de marea, que es un movimiento diferente en relación con el desbalance oceánico provocado por la atracción gravitacional sobre las aguas ejercida por los planetas, el Sol y especialmente la Luna. Estos movimientos de aguas por causas gravitacionales, no son apreciables de forma considerable en el Mediterráneo.

Los otros dos término "maremotos" y "ondas sísmicas", implican un terremoto previo, que no es la causa excluyente para provocar un tsunami, aunque a su vez sea la causa que porcentualmente es responsable de la mayoría de ellos.

Para que se produzca un tsunami a partir de un terremoto, dicho movimiento ha de tener unas características sísmicas determinadas, siendo de gran importancia la posición y profundidad del epicentro, el grado de magnitud en la escala Richter del seísmo, y la geomorfología de las costas potencialmente afectadas, además de otros factores también determinantes.

última hora: Alerta de tsunami en Nueva Zelanda y Australia

Un tsunami causado por un seismo de 7,8 grados en la escala de Ritcher golpeó "sin causar daños" a la costa este de Australia, dijeron hoy las autoridades.

El maremoto afectó en especial a algunas islas del sudeste del país, pero sin la intensidad esperada cuando fue declarada la alerta de tsunami, informó la oficina meteorológica nacional.

La alerta había sido declarada a raíz de un terremoto de 7,8 grados de magnitud en Nueva Zelanda.

El terremoto se registró hoy sobre las costas de ese país, a una profundidad de 33 kilómetros, informó el Instituto Norteamericano de Geofísica (USGS).

La alerta de tsunami estuvo vigente en New South Wales, Tasmania, el estado de Victoria, las islas de Norfolk y Lord Howe.

La oficina meteorológica había invitado a la población a alejarse de la costa "al menos un kilómetro" de distancia.

Según algunos medios australianos, la alerta de tsunami ha sido cancelada porque a estas horas (20.20 GMT+2) ya debería haber impactado en algunas zonas y ese hecho no se ha producido. De modo que todo se queda en un buen susto: un terremoto grande pero que, como sucede a veces, no llegó a generar una ola gigante.

Algún periódico local cuenta que se ha podido aprecia un oleaje o «pequeño tsunami» de medio metro de altura, pero por suerte y como cuenta Dr. Wasabi (del blog Think Wasabi) no hay tsunami del tipo destructivo.