El turismo antártico tendrá en la próxima década hasta 450.000 visitas previstas cada verano
En palabras de un antiguo guía turístico de la Antártida al que se entrevistó en un estudio: "Veías enormes desprendimientos de glaciares y te daban ganas de llorar. Pero todos los turistas aplaudían. Y pensabas... '¿Es que no se dan cuenta de lo que está pasando?'"
Para cualquier amante de la naturaleza, pocos trabajos resultan más envidiables. Pasarás meses entre pingüinos, orcas y glaciares, ayudando a los visitantes a descubrir uno de los lugares más extraordinarios e intactos del planeta.
"Pero para algunos guías, como los que citamos en este artículo, ese privilegio se volvió poco a poco incompatible con sus convicciones. Ser testigos del cambio climático mientras ayudaban a miles de visitantes a llegar al continente los llevó finalmente a abandonar los trabajos con los que alguna vez habían soñado", dice Zdenka Sokolickova, investigadora postdoctoral, Centro Ártico, Universidad de Groningen.
El turismo antártico está creciendo rápidamente, con más de 120.000 visitas en 2025-26 y hasta 450.000 previstas cada verano en la próxima década. El nuevo estudio revela cómo los guías turísticos de la Antártida lidian con el dilema que subyace a su trabajo: atraer cada vez a más personas a una zona ecológicamente vulnerable y contribuir a generar algunas de las mayores emisiones de CO₂ de cualquier forma de turismo.
"Estuve allí el día más caluroso jamás registrado en 2020. Subiendo un glaciar en camiseta, conduciendo barcos sin guantes. Fue realmente triste. Los impactos del cambio climático te golpean de lleno", dijo otro guía.
Los investigadores entrevistaron a 25 ex-guías antárticos que decidieron dejar sus trabajos (todas las citas fueron anónimas). Estos guías no podían conciliar sus principios morales con los efectos del turismo que presenciaban día tras día.
Imagen: Un barco turístico llega a la Bahía Paraíso de la Antártida.
"Muy a menudo, durante largos periodos de tiempo, los pingüinos apenas tenían unas pocas horas de descanso durante la noche. De lo contrario, cientos de personas caminaban sin parar por las colonias".
Si bien los operadores turísticos suelen argumentar que visitar la Antártida puede aumentar la concienciación de los turistas sobre los problemas medioambientales, los antiguos guías se sorprendieron por el desconocimiento de los visitantes sobre el impacto humano.
Ninguno de los guías renunció de la noche a la mañana. Sus decisiones surgieron tras años de reflexión, incertidumbre y conflicto moral.
"Siempre estamos en conflicto con dos partes: la ilusión de ir a la Antártida a trabajar en lugares remotos que nos gustan y la complicidad en el desarrollo de la industria turística".
"Ya no puedo seguir trabajando en la farsa del turismo de cruceros sobre el cambio climático. Es que, ¿Cómo puedo ir allí, hablarle a la gente sobre el cambio climático y no hacer nada al respecto?".
Los antiguos guías turísticos de la Antártida demuestran que un cambio significativo suele ser un doloroso y gradual proceso, más que un puntual momento dramático. Para muchos, años de actuar en contra de sus valores afectaron su bienestar.
Imagen: Turismo antártico de glaciares.
"Creo que, en definitiva, lo que me importa es que, si pienso en estar en mi lecho de muerte e intentar mirar a mis hijos a los ojos y decirles: 'Lo intenté', no sé si habría podido hacerlo si hubiera seguido haciendo lo que estaba haciendo".
Las historias de guías que abandonaron uno de los trabajos turísticos más extraordinarios del mundo ilustran de forma contundente cómo el abandono de insostenibles estilos de vida puede acarrear costes personales reales.
"Hasta el día de hoy, la Antártida permanece muy presente en mi mente como un entorno increíblemente virgen que merece todo el cuidado y la protección. Y creo que el turismo y nuestra presencia allí estaban haciendo precisamente lo contrario".
Muchos de los participantes en la investigación aún sentían una profunda conexión con la Antártida y, en ocasiones, lamentaban haberse marchado. Los sentimientos encontrados y la ambigüedad son inherentes a las decisiones que tomamos por preocupación y cuidado hacia los demás, incluso en entornos remotos.
"¿Me gustaría estar subiendo a un avión y dirigiéndome al borde del hielo para llevar a la gente a patinar sobre él? Sí, una gran parte de mí desearía estar haciéndolo ahora mismo. Y también sé que después me sentiría fatal".
Imagen derecha: Las decisiones de los trabajadores del turismo de abandonar destinos ambientalmente frágiles ofrecen una perspectiva crítica, aunque poco explorada, sobre la acción proambiental en los estudios de turismo. Crédito: Annals of Tourism Research
Amar y marcharse
"En el caso de las personas que entrevistamos, preocuparse por la Antártida significaba alejarse del turismo antártico. Las entrevistas sugieren que la distancia no necesariamente disminuye la responsabilidad. Para estos antiguos guías turísticos, cuidar la Antártida significaba, en última instancia, abandonarla, y muchos se sintieron mejor después de renunciar. A veces, la mejor manera de proteger un lugar que amas es dejarlo en paz", dice Christy Hehir, profesora titular de Turismo y Eventos de la Universidad de Surrey, otra de las auroras de la investigación.
"Estaba luchando contra lo que sabía que no estaba bien, y creo que eso también se reflejaba en mi cuerpo. Y cuando tomé la decisión de alejarme, me sentí mucho mejor. Fue como si pudiera respirar de nuevo", dice uno de los guías entrevistado.
Si alguna vez te has preguntado si tu trabajo se alinea con tus valores, estos antiguos guías turísticos de la Antártida ofrecen una perspectiva reflexiva sobre cómo equilibrar la carrera profesional, el bienestar y la responsabilidad ambiental. Sus historias también pueden inspirar una mayor apreciación por la importancia de proteger la Antártida dejándola intacta.
El estudio fue publicado en la revista Annals of Tourism Research: Mind the gaps: The moral journey of tour guides who quit













